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Posts Tagged ‘Vida’

Tus hijos

Viernes, Enero 22nd, 2010

Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida
deseosa de sí misma.
  
No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo
no te pertenecen.
  
Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.
  
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas,
viven en la casa del mañana,
que no pueden visitar
ni siquiera en sueños.
  
Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.
  
Tú eres el arco del cual, tus hijos
como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación
en tu mano de arquero
sea para la felicidad.

Khalil Gibran

Estancada en el trabajo

Viernes, Enero 15th, 2010

El titulo de esta entrada lo dice todo, la mayoría de las personas pasan la mayor parte de su vida trabajando , con el deseo de progresar , llevar una mejor calidad de vida y tener las cosas que siempre han soñado.

Muchas veces el estancamiento laboral y financiero depende de algo tan simple como la actitud con la que haces tu trabajo, cuando uno hace algo que definitivamente no le gusta hacer o lo hace por obligación, los resultados que se van a obtener no van a ser los mismo que cuando se hace algo con interés, amor, pasión, etc.

Nunca te has preguntado cuanto te gustaría que te pagaran por hacer lo que mas te gusta, bueno quiero que sepas que todavía tienes tiempo de hacerlo, solo deja de mirar el tiempo como algo que te falta y empieza a mirarlo como algo que te sobra, tienes el tiempo a tu favor y el éxito por ti espera.

El éxito se encuentra delante de ti y la forma mas fácil de alcanzarlo es hacer lo que te gusta, trabajar en lo que verdaderamente es tu vocación , lo que verdaderamente te apasiona , te invito a que empieces a hacer lo que te gusta y no lo que te toca , no te olvides que tu eres lo que piensas que eres.

Así que no mas excusas como no tengo dinero, mañana lo hago, cuando tenga tal cosa lo haré, no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Disfruta del regalo que te dio Dios llamado Presente y no te preocupes por el mañana que todavía no existe, recuerda que por mas que trates no le vas a añadir un codo a tu estatura.

Te deseo de todo corazón logres muchos Exitos!!!

d/a

Navidad en los andes (2)

Miércoles, Diciembre 16th, 2009

/…El día 24, salido el sol apenas, comenzaba la masacre de animales, hecha por los sirvientes indios. La cocinera Vishe, india también, a la cual nadie le sabía la edad y mandaba en la casa con la autoridad de una antigua institución, pedía refuerzos de asistentes para hacer su oficio.

Mi abuela Juana y mamá, con mis tías Carmen y Chana, amasaban buñuelos. Mi padre alineaba las encargadas botellas de pisco y cerveza, y acaso alguna de vino, para quien quisiese. En la despensa hervía roja chicha en cónicas botijas de greda. Del jardín llevábanse rosas y claveles al altar, la sala y todas las habitaciones. Tradicionalmente, en los ramos entremezclábanse los colores rojo y blanco. Todas las gentes y las cosas adquirían un aire de fiesta.

Servíase la cena en un comedor tan grande que hacía eco, sobre una larga mesa iluminada por cuatro lámparas que dejaban pasar una suave luz a través de pantallas de cristal esmerilado. Recuerdo el rostro emocionadamente dulce de mi madre, junto a una apacible lámpara. Había en la cena un alegre recogimiento aumentado por la inmensa noche, de grandes estrellas, que comenzaba junto a nuestras puertas. Como que rezaba el viento. Al suave aroma de las flores que cubrían las mesas, se mezclaba la áspera fragancia de los eucaliptos cercanos.

Después de la cena pasábamos a la habitación del Nacimiento. Las mujeres se arrodillaban frente al altar y rezaban. Los hombres conversaban a media voz, sentados en gruesas sillas adosadas a las paredes. Los niños, según la orden de cada mamá, rezábamos o conversábamos. No era raro que un chicuelo demasiado alborotador, se lo llamara a rezar como castigo.  Así iba pasando el tiempo.

De pronto, a lo lejos sonaba un canto que poco a poco avanzaba acercándose. Era un coro de dulces y claras voces. Deteníase junto a la puerta. Las “pastoras” entonaban una salutación, cantada en muchos versos. Recuerdo la suave melodía. Recuerdo algunos versos:

En el portal de Belén
hay estrellas, sol y luna;
a Virgen y San José
y el niño que esta en la cuna.

Niñito, por qué has nacido
en este pobre portal,
teniendo palacios ricos
donde poderte abrigar…

Súbitamente las “pastoras” irrumpían en la habitación, de dos en dos, cantando y bailando a la vez. La música de los versos había cambiado y estos eran más simples.

Cuantas muchachas quisieron formar la banda, tanto las blancas hijas de los patrones como las sirvientas indias y cholas, estaban allí confundidas. Todas vestían trajes típicos de vivos colores. Algunas ceñíanse una falda de pliegues precolombina, llamada anaco. Todas llevaban los mismos sombreros blancos adornados con cintas y unas menudas hojas redondas de olor intenso. Todas calzaban zapatillas de cordobán.

Había personajes cómicos. Eran los “viejos”. Los dos mocetones habíanse disfrazado de tales, simulando jorobas con un bulto de ropas y barbazas con una piel de chivo. Empuñaban cayados. Entre canto y canto, los “viejos” lanzaban algún chiste y bailaban dando saltos cómicos. Las muchachas danzaban con blanda cadencia, ya en parejas o en forma de ronda. De cuando en vez, agitaban claras sonajas. Y todo quería ser una imitación de los pastores que llegaron a Belén, así con esos trajes americanos y los sombreros peruanísimos. El cristianismo hondo estaba en una jubilosa aceptación de la igualdad. No había patrona ni sirvientitas y tampoco razas diferenciadoras esa noche.

La banda irrumpía el baile para hacer las ofrendas. Cada “pastora” iba hasta la puerta, donde estaban los cargadores de los regalos y tomaba el que debía entregar. Acercándose al altar, entonaba un canto alusivo a su acción.

- Señora Santa Ana,
¿por qué llora el Niño?
-Por una manzana
que se le ha perdido.

-No llore por una,
yo le daré dos:
una para el Niño
y otra para vos

La muchacha descubríase entonces, caía de rodillas y ponía efectivamente dos manzanas en la plataforma que ya mencionamos. Si quería dejaba más de las enumeradas en el canto. Nadie iba a protestar. Una tras otra iban todas las “pastoras” cantando y haciendo sus ofrendas. Consistían en juguetes, frutas, dulces, café y chocolate, pequeñas cosas bellas hechas a mano. Una nota puramente emocional era dada por la “pastora” más pequeña de la banda. Cantaba:

A mi niño Manuelito
todas le trae un don
Yo soy chica y nada tengo,
le traigo mi corazón.

La chicuela arrodillábase haciendo con las manos el ademán del caso. Nunca faltaba quien asegurara que la mocita de veras parecía estar arrancándose el corazón para ofrendarlo.

Las “pastoras” íbanse entonando otros cantos, en medio de un bailecito mantenido entre vueltas y venias. A poco entraban de nuevo, con los rebozos y sombreros en las manos, sonrientes las caras, a tomar parte en la reunión general.

Como habían pasado horas desde la cena, tomábase de la plataforma los alimentos y bebidas ofrendados al Niño Jesús. No se iba a molestar el Niño por eso. Era la costumbre. Cada uno servíase lo que deseaba. A los chicos nos daban además los juguetes. Como es de suponer, las “pastoras” también consumían sus ofrendas. Conversábase entre tanto. Frecuentemente, pedíase a las “pastoras” de mejor voz, que cantaran solas. Algunas accedían. Y entonces todo era silencio, para escuchar a una muchacha erguida, de lucidas trenzas, elevando una voz que era a modo de alta y plácida plegaria.

La reunión se disolvía lentamente. Brillaban linternas por los corredores. Me acostaba en mi cama de cedro, pero no dormía. Esperaba ver de nuevo a mamá. Me gustaba ver que mi madre entraba caminando de puntillas y como ya nos habían dado los juguetes, ponía debajo de mi almohada un pañuelo que había bordado con mi nombre. Me conmovía su ternura. Deseaba yo correspondérsela y no le decía que la existencia había empezado a recortarme los sueños. Ella me dejó el pañuelo bordado, tratando de que yo no despertara, durante varios años.

Ciro Alegría (1909-1967)

Navidad en los andes (1)

Miércoles, Diciembre 16th, 2009

Marcabal Grande, hacienda de mi familia, queda en una de las postreras estribaciones de los Andes, lindando con el río Marañon. Compónenla cerros enhiestos y valles profundos. Las frías alturas azulean de rocas desnudas. Las faldas y llanadas propicias verdean de sembríos, donde hay gente que labre, pues lo demás es soledad de naturaleza silvestre.

En los valles aroman el café, el cacao y otros cultivos tropicales, a retazos, porque luego triunfa el bosque salvaje. La casa hacienda, antañona construcción de paredes calizas y tejas rojas, álzase en una falda, entre eucaliptos y muros de piedra, acequias espejeantes y un huerto y un jardín y sembrados y pastizales. A unas cuadras de la casa, canta su júbilo de aguas claras una quebrada y a otras tantas, diseña su melancolía de tumbas un panteón.

Moteando la amplitud de la tierra, cerca, lejos, humean los bohíos de los peones. El viento, incansable transeúnte andino, es como un mensaje de la inmensidad formada por un tumulto de cerros que hieren el cielo nítido a golpe de roquedales.

Cuando era niño, llegaba yo a esa casa cada diciembre durante mis vacaciones. Desmontaba con las espuelas enrojecidas de acicatear al caballo y la cara desollada por la fusta del viento jalquino. Mi madre no acababa de abrazarme. Luego me masajeaba las mejillas y los labios agrietados con manteca de cacao. Mis hermanos y primos miraban las alforjas indagando por juguetes y caramelos. Mis parientes forzudos me levantaban en vilo a guisa de saludo. Mi ama india dejaba resbalar un lagrimón. Mi padre preguntaba invariablemente al guía indio que me acompañó si nos había ido bien en el camino y el indio respondía invariablemente que bien.

Indio es un decir, que algunos eran cholos. Recuerdo todavía sus nombres camperos: Juan Bringas, Gaspar Chiguala, Zenón Pincel. Solían añadir, de modo remolón, si sufrimos lluvia, granizada, cansancio de caballos o cualquier accidente. Una vez, la primera respuesta de Gaspar se hizo más notable porque una súbita crecida llevóse un puente y por poco nos arrastra el río al vadearlo. Mi padre regañó entonces a Gaspar:

- ¿Cómo dices que bien?

- Si hemos llegao bien, todo ha estao bien-, fue su apreciación.

El hecho era que el hogar andino me recibía con el natural afecto y un conjunto de características a las que podría llamar centenarias y, en algunos casos, milenarias.

Mi padre comenzaba pronto a preparar el Nacimiento. En la habitación más espaciosa de la casona, levantaba un armazón de cajones y tablas, ayudado por un carpintero al que decían Gamboyao y nosotros los chicuelos, a quienes la oportunidad de clavar o serruchar nos parecía un privilegio. De hecho lo era, porque ni papá ni Gamboyao tenían mucha confianza en nuestra destreza.

Después, mi padre encaminábase hacia alguna zona boscosa, siempre seguido de nosotros los pequeños, que hechos una vocinglera turba, poníamos en fuga a perdices, torcaces, conejos silvestres y otros espantadizos animales del campo. Del monte traíamos musgo, manojos de unas plantas parásitas que crecían como barbas en los troncos, unas pencas llamadas achupallas, ciertas carnosas siemprevivas de la región, ramas de hojas olorosas y extrañas flores granates y anaranjadas. Todo ese mundillo vegetal capturado, tenía la característica de no marchitarse pronto y debía cubrir la armazón de madera. Cumplido el propósito, la amplia habitación olía a bosque recién cortado.

Las figuras del Nacimiento eran sacadas entonces de un armario y colocadas en el centro de la armazón cubierta de ramas, plantas y flores. San José, la Virgen y el Niño, con la mula y el buey, no parecían estar en un establo, salvo por el puñado de paja que amarilleaba en el lecho del Niño. Quedaban en medio de una síntesis de selva. Tal se acostumbraba tradicionalmente en Marcabal Grande y toda la región. Ante las imágenes relucía una plataforma de madera desnuda, que oportunamente era cubierta con n mantel bordado, y cuyo objeto ya se verá.

En medio de los preparativos, mamá solía decir a mi padre, sonriendo de modo tierno y jubiloso:

- José, pero si tú eres ateo…

- Déjame, déjame, Herminia, replicaba mi padre con buen humor-, no me recuerdes eso ahora y…a los chicos les gusta la Navidad…

Un ateo no quería herir el alma de los niños. Toda la gente de la región, que hasta ahora lo recuerda, sabía por experiencia que mi padre era un cristiano por las obras y cotidianamente.

Por esos días llegaban los indios y cholos colonos a la casa, llevando obsequios, a nosotros los pequeños, a mis padres, a mi abuela Juana, a mis tíos, a quien quisieran elegir entre los patrones. Más regalos recibía mamá. Obsequiábannos gallinas y pavos, lechones y cabritos, frutas y tejidos y cuantas cosillas consideraban buenas. Retornábaseles la atención con telas, pañuelos, rondines, machetes, cuchillas, sal, azúcar… Cierta vez, un indio regalóme un venado de meses que me tuvo deslumbrado durante todas las vacaciones.

Por esos días también iban ensayando sus cantos y bailes las llamadas “pastoras”, banda de danzantes compuesta por todas las muchachas de la casa y dos mocetones cuyo papel diré luego.

(continuará…Wink

Ciro Alegría (1909-1967)

Yo me resisto a creer

Martes, Noviembre 24th, 2009

Yo me resisto a creer que un joven un día haya querido ofrendar su vida y haya tenido como ideal el sacerdocio para ser un sacerdote mediocre.

Yo me resisto a creer que alguien un día haya querido casarse pensando en el fracaso o pensando en la infidelidad.

Yo me resisto a creer que alguien un día haya querido ser médico pensando solamente en su cartera y con el paso del tiempo se haya convertido en un mercader de la vida.

Yo me resisto a creer que alguien un día haya querido ser maestro para ser solamente un comerciante de sus conocimientos.

Yo me resisto a creer que el joven no sea capaz de valorar su vida y la malbarate. Que un joven solamente piense en pisotear su salud o que un joven eche al drenaje su propia sexualidad.

Yo me resisto a creer que exista un hombre sobre la tierra que un día no haya tenido sueños, que un día no haya tenido ideales, que un día no haya sabido valorar el porqué Dios lo puso en esta tierra.

El hombre debe tener valores para poder vivir y debe vivir conforme a esos valores.

La vida que vivamos será nuestra mejor forma de predicar y de comunicar, nuestros valores se deben volver vida en nuestra persona.

“Cuándo planté rosales coseché siempre rosas”

nbas

Vivir es

Lunes, Noviembre 23rd, 2009

Vivir, es vibrar cada instalante, ante la emoción de percibir la maravilla de la creación de Dios que nos rodea.

Vivir, es entender que cada minuto que transcurre ¡no volverá!

Vivir, es saber dar lo mejor de nosotros, es vibrar en la bondad y llevar a su máxima expresión nuestra capacidad de ser.

Vivir, es aprender más cada día, es gozar los momentos bellos y desafiarse a sí mismo ante las adversidades.

Vivir, es amar intensamente a través de una caricia, es escuchar en silencio la palabra del ser amado, es perdonar una ofensa, es sentir la presencia del otro, es besar con amor a quien nos ama.

Vivir, es contemplar apaciblemente la alegría de un niño, escuchar al adolescente aceptando sus inquietudes sin protestar, acompañar con gratitud la ancianidad en su soledad.

Vivir, es comprender al amigo ante la adversidad y tener la capacidad de regocijarme ante sus triunfos y realización.

Vivir es sentir que nuestro existir no fue vano y en la medida en que nos atrevamos a dar lo mejor de nosotros en cada momento, logremos manifestar la grandeza de nuestra alma para amar.

Vivir es vibrar y sentir, es amar y gozar, es observar y superar, es dar y aceptar, es comprender que nuestro tiempo es lo único que poseemos para realizar plenamente nuestro ser.

D/A

La tristeza

Martes, Noviembre 10th, 2009

Se conocen más de mil pecados bien definidos.  Uno de ellos es el de la TRISTEZA, la ausencia de color en el alma.  El prisma descompone la luz, como en el arcoiris, en siete colores inconfundibles, pero suele ocurrir que el ojo sólo percibe el negro o su opuesto, el blanco, la ausencia de color.

Existen señales claras de tristeza: el consumo masivo de euforizantes; el ritual indispensable de la “happy hour” después de la oficina, con el obsequio de un trago plus; los rostros agobiados de los que buscan empleos o de los que trabajan.

Cada vez se pone más en evidencia el predominio del negro y los grises en la vestimenta. Los aspirantes a ejecutivos visten de negro, igual que sus superiores, y se desplazan petulantes por el centro de las ciudades.

Los jóvenes salen de “fiesta” con ropas oscuras, camperas y botas; tanto hombres como mujeres, con definida vocación draculina.

Los escritores, seguidos por multitud de admiradores de autógrafos, suelen vestir de negro. Es muy probable que comience a venderse ropa negra para bebés, delantales grises para las escuelas, ropa de novia oscura para hacer juego con las sotanas.

La tristeza sienta sus reales en las telenovelas: mata que te matan. La fiesta está en el funeral.

La tristeza es “el comienzo del fin”. El que sonríe es un irresponsable. Las tendencias hacia la tristeza son notables. Sin embargo, es un “pecado”; esto es, “errar en el blanco, no acertar”. Uno peca, al menos etimológicamente, cuando no da donde no tiene que dar, cuando se equivoca con la vida. Cuando traiciona a la alegría.

En una oportunidad se encontraron dos gatos, uno triste y el otro alegre. El primero giraba contínuamente tratando en vano de agarrarse la cola. Entonces, el otro le preguntó:

-¿Qué te ocurre, qué estás haciendo?

-Estoy tratando de agarrarme la cola, si la alcanzo seré feliz, ya casi la tengo…

Cansado, se detuvo un momento y preguntó:

-¿Cómo es que no persigues tu cola?

El gato feliz sonrió:

-Alguna vez lo hice, cuando estaba insatisfecho conmigo mismo.
Un día descubrí que si caminaba, me seguía, y dejé de dar vueltas tristemente. Desde entonces me acompaña sin problemas. Me alegro de que esté donde está.

Es posible encontrar un vaso grande de felicidad en las cosas más simples de la vida, en el reconocimiento gratuito de nuestras propias potencialidades de disfrute, en el reír juntos, en identificarnos con alguno de los colores que componen el milagro de la luz.

“No tratemos de perseguir a nuestra sombra. Nos sigue cuando no le damos importancia. La tristeza toma fuerzas cuando pecamos en ella”.

Actuar con sabiduría canina

Martes, Septiembre 1st, 2009

Lo importante de cada día es vivirlo con intensidad y con plenitud… Se debe vivir el momento proyectándolo a lo trascendental… Lo fácil o lo difícil son meros límites que nos ponemos nosotros mismos.

La vida interior es la raíz de nuestra vida exterior.  No se puede hablar de lo que no se sabe, si a lo que se sabe no se lo sintió y experimentó mental, espiritual y físicamente en perfecta armonía.  La palabra está hecha para ser escuchada y el silencio para engendrar el mensaje dado.

“Saber actuar con sabiduría canina”.

¿Ya te imaginaste actuando con sabiduría canina?
Inténtalo

-Nunca dejes pasar la oportunidad de salir de paseo.
-Experiments la sensación del aire fresco y del viento en tu rostro por puro placer.
-Cuando alguien que amas se aproxima, corre para saludarlo.
-Cuando hubiera necesidad, practica la obediencia.
-Has saber a los otros cuando estén invadiendo tu territorio.
-Siempre que puedas, duerme una siesta y desperézate al levantarse.
-Corre, salta y juegua a diario.
-Come con gusto y entusiasmo, pero para cuando estes satisfech0.
-Se leal, siempre.
-Nunca pretendas ser algo que no es.
-Si lo que deseas está enterrado, cava hasta encontrarlo.
-Cuando alguien estuviera pasando un mal día, quédate en silencio, siéntate próximo a él y, gentilmente, intenta agradarlo.
-Cuando llames la atención, deja que alguien te toque.
-Evita morder cuando apenas un gruñido podría resolverlo.
-En días templados, recuéstate de espaldas sobre el pasto.
-En días calurosos, bebe mucha agua y descansa bajo un árbol frondoso.
-Cuando estes feliz, baila y sacude todo tu cuerpo.
-No importa cuantas veces te censuren, no asumas culpas que no tengas y no te ponga mal… corre inmediatamente de vuelta hacia tus amigos.
-Alégrate con el simple placer de una caminata.
-Se feliz con tu vida de perro.

D/A

El diario vivir

Sábado, Agosto 29th, 2009

Nos acostumbramos… a vivir en nuestra casa y a no tener otra vista que no sea las ventanas que nos rodean.  Y como estamos acostumbrados a no tener vista, luego nos acostumbramos a no mirar para afuera. Y como no miramos para afuera luego nos acostumbramos a no abrir del todo las cortinas.  Y porque no abrimos completamente las cortinas nos acostumbramos a encender más temprano la luz. Y a medida que nos acostumbramos, olvidamos el sol, olvidamos el aire, olvidamos la amplitud.

Nos acostumbramos… a despertar sobresaltados porque se nos hizo tarde.  A tomar rápido el café porque estamos atrasados.  A comer un sándwich porque no da tiempo para comer a gusto.  A salir del trabajo porque cae la noche.  A cenar rápido y dormir con el estómago pesado sin haber vivido el día.

Nos acostumbramos… a esperar un “no puedo” en el teléfono.  A sonreír sin recibir una sonrisa de vuelta.  A ser ignorados cuando precisamos ser vistos.  Si el trabajo está duro, nos consolamos pensando en el fin de semana. Y si en el fin de semana no hay mucho que hacer vamos a dormir temprano y nos acostumbramos a quedar satisfechos porque siempre tenemos sueño atrasado.

Nos acostumbramos a ahorrar vida que poco a poco igual se gasta y que una vez gastada, por estar acostumbrados, nos perdimos de vivir.

Alguien dijo:

“La muerte está tan segura de su victoria que nos da toda una vida de ventaja”

Jorge Bucay titula “Brevedad” el siguiente pensamiento:

He nacido hoy de madrugada
viví mi niñez esta mañana
y sobre el mediodía
ya transitaba mi adolescencia
Y no es que me asuste
que el tiempo se me pase tan aprisa
sólo me inquieta un poco pensar
que tal vez mañana
yo sea demasiado viejo
para hacer lo que he dejado pendiente.

nbas

La Mariposa

Sábado, Agosto 29th, 2009

Un día, una pequeña abertura apareció en un capullo; un hombre se sentó y observó a la mariposa por varias horas, mientras ella se esforzaba para hacer que su cuerpo pasase a través de aquel pequeño agujero.

En tanto, parecía que ella había dejado de hacer qualquier progreso.

Parecía que había hecho todo lo que podía, pero no conseguía agrandarlo. Entonces el hombre decidió ayudar a la mariposa: el tomó una tijera y abrió el capullo. La mariposa pudo salir facilmente.

Pero su cuerpo estaba marchito, era pequeño y tenía las alas arrugadas.

El hombre siguó observándola porque esperaba que, en cualquier momento, las alas se abrieran y estirasen para ser capaces de soportar el cuerpo, y que éste se hiciera firme. Nada aconteció!
En verdad, la mariposa paso el resto de su vida arrastrándose con un cuerpo marchito y unas alas encogidas.

Ella nunca fué capáz de volar.

Lo que el hombre, en su gentileza y su voluntad de ayudar no comprendía, era que el capullo apretado y el esfuerzo necesario para que la mariposa pasara a través de la pequeña abertura, era la forma en que Dios hacía que el fluído del cuerpo de la mariposa, fuese a sus alas, de tal modo que ella estaría lista para volar, una vez que se hubiese liberado del capullo.

Algunas veces, el esfuerzo es exactamente lo que necesitamos en nuestra vida.

Si Dios nos permitiese pasar por nuestras vidas sin encontar ningún obstáculo, nos dejaría limitados. No lograríamos ser tan fuertes como podríamos haber sido. Nunca podríamos volar.

Pedí fuerza…
y Dios me dió dificultades para hacerme fuerte.

Pedí sabiduría…
y Dios me dió problemas para resolver.

Pedí prosperidad…
y Dios me dió cerebro y músculos para trabajar.

Pedí valor…
y Dios me dió obstáculos para superar.

Pedí amor…
y Dios me dió personas con problemas a las cuales ayudar.

Pedí favores…
y Dios me dió oportunidades.

Yo no recibí nada de lo que pedí…
Pero he recibido todo lo que necesitaba.

D/A
Enlázame

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