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Posts Tagged ‘Vida’

La joven del bello rostro

Martes, julio 6th, 2010

Había una vez una joven de origen humilde, pero increíblemente hermosa, famosa en toda la comarca por su belleza. Ella, conociendo bien cuánto la querían los jóvenes del reino, rechazaba a todos sus pretendientes, esperando la llegada de algún apuesto príncipe. Este no tardó en aparecer, y nada más verla, se enamoró perdidamente de ella y la colmó de halagos y regalos. La boda fue grandiosa, y todos comentaban que hacían una pareja perfecta.

Pero cuando el brillo de los regalos y las fiestas se fueron apagando, la joven princesa descubrió que su guapo marido no era tan maravilloso como ella esperaba: se comportaba como un tirano con su pueblo, alardeaba de su esposa como de un trofeo de caza y era egoísta y mezquino. Cuando comprobó que todo en su marido era una falsa apariencia, no dudó en decírselo a la cara, pero él le respondió de forma similar, recordándole que sólo la había elegido por su belleza, y que ella misma podía haber elegido a otros muchos antes que a él, de no haberse dejado llevar por su ambición y sus ganas de vivir en un palacio.

La princesa lloró durante días, comprendiendo la verdad de las palabras de su cruel marido. Y se acordaba de tantos jóvenes honrados y bondadosos a quienes había rechazado sólo por convertirse en una princesa. Dispuesta a enmendar su error, la princesa trató de huir de palacio, pero el príncipe no lo consintió, pues a todos hablaba de la extraordinaria belleza de su esposa, aumentando con ellos su fama de hombre excepcional. Tantos intentos hizo la princesa por escapar, que acabó encerrada y custodiada por guardias constantemente.

Uno de aquellos guardias sentía lástima por la princesa, y en sus encierros trataba de animarle y darle conversación, de forma que con el paso del tiempo se fueron haciendo buenos amigos. Tanta confianza llegaron a tener, que un día la princesa pidió a su guardián que la dejara escapar. Pero el soldado, que debía lealtad y obediencia a su rey, no accedió a la petición de la princesa. Sin embargo, le respondió diciendo:

- Si tanto queréis huir de aquí, yo sé la forma de hacerlo, pero requerirá de un gran sacrificio por vuestra parte.

Ella estuvo de acuerdo, confirmando que estaba dispuesta a cualquier cosa, y el soldado prosiguió:

- El príncipe sólo os quiere por vuestra belleza. Si os desfiguráis el rostro, os enviará lejos de palacio, para que nadie pueda veros, y borrará cualquier rastro de vuestra presencia. Él es así de ruin y miserable.

La princesa respondió diciendo:

- ¿Desfigurarme? ¿Y a dónde iré? ¿Que será de mí, si mi belleza es lo único que tengo? ¿Quién querrá saber nada de una mujer horriblemente fea e inútil como yo?
- Yo lo haré – respondió seguro el soldado, que de su trato diario con la princesa había terminado enamorándose de ella – Para mí sois aún más bella por dentro que por fuera.

Y entonces la princesa comprendió que también amaba a aquel sencillo y honrado soldado. Con lágrimas en los ojos, tomó la mano de su guardián, y empuñando juntos una daga, trazaron sobre su rostro dos largos y profundos cortes…

Cuando el príncipe contempló el rostro de su esposa, todo sucedió como el guardián había previsto. La hizo enviar tan lejos como pudo, y se inventó una trágica historia sobre la muerte de la princesa que le hizo aún más popular entre la gente.

Y así, desfigurada y libre, la joven del bello rostro pudo por fin ser feliz junto a aquel sencillo y leal soldado, el único que al verla no apartaba la mirada, pues a través de su rostro encontraba siempre el camino hacia su corazón.

Misterio o curiosidad

Viernes, abril 9th, 2010

Los griegos fueron los grandes maestros en describir el comportamiento humano a través de pequeñas historias que acostumbramos a llamar ‘mitos’. Todas las generaciones que vinieron tras ellos, desde el psicoanálisis de Freud (con el complejo de Edipo, por ejemplo), hasta las películas de Hollywood (como el Morfeo de Matrix), han bebido de esas fuentes.

Durante gran parte de mi vida, una de estas historias no dejó de intrigarme: el mito de Psique.

Érase una vez una linda princesa, admirada por todos, a la que nadie se atrevía a pedir en matrimonio. Desesperado, el Rey consultó al dios Apolo. Éste dijo que a Psique había que dejarla sola, vestida de luto, en lo alto de una montaña.  Antes de que rayase el día, vendría una serpiente a su encuentro para desposarla. El Rey obedeció, y durante toda la noche la princesa esperó, aterrorizada y muerta de frío, la llegada de quien había de ser su marido.

Al final, se durmió.  Al despertar, se encontraba en un hermoso palacio, convertida en reina. Todas las noches su marido venía su encuentro y hacían el amor, pero él le había impuesto una única condición: Psique podía tener cuanto quisiese, pero debía mostrar absoluta confianza y no intentar ver jamás su rostro.

La joven vivió mucho tiempo feliz. Tenía un hogar, cariño, alegría, y estaba enamorada apasionadamente del hombre que la visitaba todas las noches. Sin embargo, de vez en cuando tenía miedo de estar casada con una serpiente horrorosa.

Una madrugada, cuando el marido aún dormía, con una antorcha iluminó la cama, y vio, tumbado a su lado, a Eros (o Cupido), un hombre de increíble belleza. La luz lo despertó, y él descubrió que la mujer que amaba no era capaz de cumplir su único deseo, y desapareció.

Siempre que leía este texto, me preguntaba:

- ¿Acaso no podemos descubrir nunca la cara del amor?

Mucho tuvo que llover antes de que pudiera comprender que el amor es un acto de fe en otra persona, y su rostro debe seguir envuelto en misterio. Debe ser vivido y disfrutado en cada momento, pero en cuanto intentamos entenderlo, desaparece la magia.

Cuando al fin entendí esto, dejé que mi vida la guiara una lengua extraña, que denomino un lenguaje “de señales”.  Sé que el mundo está hablando conmigo, que tengo que escucharlo, y que si lo hago, seré guiada hacia lo que existe de más intenso, más apasionado, y más bello. Claro que no es fácil, y a veces me siento como Psique en el peñasco, con frío y miedo.  Pero si soy capaz de pasar así la noche y entregarme al misterio y a la fe en la vida, al final siempre acabo despertando en un palacio.  Lo único que necesito es confiar en el Amor, aun a riesgo de errar.

Para concluir con el mito griego: desesperada por recuperar su amor, Psique se somete a una serie de trabajos que Afrodita (o Venus), madre de Cupido (o Eros), celosa de su belleza, le impone. Uno de esos trabajos es el de entregarle a ella un poco de su belleza. Psique siente curiosidad por la caja que contiene la belleza de la diosa y una vez más sucumbe ante el Misterio: abre la caja y en ella no encuentra nada de belleza, sino un infernal sueño que la deja inerte, sin movimiento.
Eros/Cupido también está apasionadamente enamorado, y se arrepiente de no haber sido más tolerante con su mujer. Consigue entrar en el castillo y despertarla de su profundo sueño con la punta de su flecha. En ese momento vuelve a hablarle: “casi mueres por culpa de tu curiosidad.” Y he aquí la gran contradicción. Psique, que en el conocimiento buscaba la seguridad, no encuentra en él sino la inseguridad.
Los dos se dirigen a Júpiter, el dios supremo, y le suplican que jamás se pueda deshacer su unión.
Júpiter defendió con tanto empeño su causa, que consiguió el beneplácito de Venus.  A partir de ese día, Psique (la esencia del ser humano) y Eros (el amor) están juntos para siempre.

Quien no lo acepte y busque siempre una explicación para las mágicas y misteriosas relaciones humanas, se perderá lo mejor que la vida puede ofrecer.

nbas

Tus hijos

Viernes, enero 22nd, 2010

Tus hijos no son tus hijos
son hijos e hijas de la vida
deseosa de sí misma.
  
No vienen de ti, sino a través de ti
y aunque estén contigo
no te pertenecen.
  
Puedes darles tu amor,
pero no tus pensamientos, pues,
ellos tienen sus propios pensamientos.
  
Puedes abrigar sus cuerpos,
pero no sus almas, porque ellas,
viven en la casa del mañana,
que no pueden visitar
ni siquiera en sueños.
  
Puedes esforzarte en ser como ellos,
pero no procures hacerlos semejantes a ti
porque la vida no retrocede,
ni se detiene en el ayer.
  
Tú eres el arco del cual, tus hijos
como flechas vivas son lanzados.
Deja que la inclinación
en tu mano de arquero
sea para la felicidad.

Khalil Gibran

Estancada en el trabajo

Viernes, enero 15th, 2010

El titulo de esta entrada lo dice todo, la mayoría de las personas pasan la mayor parte de su vida trabajando , con el deseo de progresar , llevar una mejor calidad de vida y tener las cosas que siempre han soñado.

Muchas veces el estancamiento laboral y financiero depende de algo tan simple como la actitud con la que haces tu trabajo, cuando uno hace algo que definitivamente no le gusta hacer o lo hace por obligación, los resultados que se van a obtener no van a ser los mismo que cuando se hace algo con interés, amor, pasión, etc.

Nunca te has preguntado cuanto te gustaría que te pagaran por hacer lo que mas te gusta, bueno quiero que sepas que todavía tienes tiempo de hacerlo, solo deja de mirar el tiempo como algo que te falta y empieza a mirarlo como algo que te sobra, tienes el tiempo a tu favor y el éxito por ti espera.

El éxito se encuentra delante de ti y la forma mas fácil de alcanzarlo es hacer lo que te gusta, trabajar en lo que verdaderamente es tu vocación , lo que verdaderamente te apasiona , te invito a que empieces a hacer lo que te gusta y no lo que te toca , no te olvides que tu eres lo que piensas que eres.

Así que no mas excusas como no tengo dinero, mañana lo hago, cuando tenga tal cosa lo haré, no dejes para mañana lo que puedes hacer hoy. Disfruta del regalo que te dio Dios llamado Presente y no te preocupes por el mañana que todavía no existe, recuerda que por mas que trates no le vas a añadir un codo a tu estatura.

Te deseo de todo corazón logres muchos Exitos!!!

d/a

Navidad en los andes (2)

Miércoles, diciembre 16th, 2009

/…El día 24, salido el sol apenas, comenzaba la masacre de animales, hecha por los sirvientes indios. La cocinera Vishe, india también, a la cual nadie le sabía la edad y mandaba en la casa con la autoridad de una antigua institución, pedía refuerzos de asistentes para hacer su oficio.

Mi abuela Juana y mamá, con mis tías Carmen y Chana, amasaban buñuelos. Mi padre alineaba las encargadas botellas de pisco y cerveza, y acaso alguna de vino, para quien quisiese. En la despensa hervía roja chicha en cónicas botijas de greda. Del jardín llevábanse rosas y claveles al altar, la sala y todas las habitaciones. Tradicionalmente, en los ramos entremezclábanse los colores rojo y blanco. Todas las gentes y las cosas adquirían un aire de fiesta.

Servíase la cena en un comedor tan grande que hacía eco, sobre una larga mesa iluminada por cuatro lámparas que dejaban pasar una suave luz a través de pantallas de cristal esmerilado. Recuerdo el rostro emocionadamente dulce de mi madre, junto a una apacible lámpara. Había en la cena un alegre recogimiento aumentado por la inmensa noche, de grandes estrellas, que comenzaba junto a nuestras puertas. Como que rezaba el viento. Al suave aroma de las flores que cubrían las mesas, se mezclaba la áspera fragancia de los eucaliptos cercanos.

Después de la cena pasábamos a la habitación del Nacimiento. Las mujeres se arrodillaban frente al altar y rezaban. Los hombres conversaban a media voz, sentados en gruesas sillas adosadas a las paredes. Los niños, según la orden de cada mamá, rezábamos o conversábamos. No era raro que un chicuelo demasiado alborotador, se lo llamara a rezar como castigo.  Así iba pasando el tiempo.

De pronto, a lo lejos sonaba un canto que poco a poco avanzaba acercándose. Era un coro de dulces y claras voces. Deteníase junto a la puerta. Las “pastoras” entonaban una salutación, cantada en muchos versos. Recuerdo la suave melodía. Recuerdo algunos versos:

En el portal de Belén
hay estrellas, sol y luna;
a Virgen y San José
y el niño que esta en la cuna.

Niñito, por qué has nacido
en este pobre portal,
teniendo palacios ricos
donde poderte abrigar…

Súbitamente las “pastoras” irrumpían en la habitación, de dos en dos, cantando y bailando a la vez. La música de los versos había cambiado y estos eran más simples.

Cuantas muchachas quisieron formar la banda, tanto las blancas hijas de los patrones como las sirvientas indias y cholas, estaban allí confundidas. Todas vestían trajes típicos de vivos colores. Algunas ceñíanse una falda de pliegues precolombina, llamada anaco. Todas llevaban los mismos sombreros blancos adornados con cintas y unas menudas hojas redondas de olor intenso. Todas calzaban zapatillas de cordobán.

Había personajes cómicos. Eran los “viejos”. Los dos mocetones habíanse disfrazado de tales, simulando jorobas con un bulto de ropas y barbazas con una piel de chivo. Empuñaban cayados. Entre canto y canto, los “viejos” lanzaban algún chiste y bailaban dando saltos cómicos. Las muchachas danzaban con blanda cadencia, ya en parejas o en forma de ronda. De cuando en vez, agitaban claras sonajas. Y todo quería ser una imitación de los pastores que llegaron a Belén, así con esos trajes americanos y los sombreros peruanísimos. El cristianismo hondo estaba en una jubilosa aceptación de la igualdad. No había patrona ni sirvientitas y tampoco razas diferenciadoras esa noche.

La banda irrumpía el baile para hacer las ofrendas. Cada “pastora” iba hasta la puerta, donde estaban los cargadores de los regalos y tomaba el que debía entregar. Acercándose al altar, entonaba un canto alusivo a su acción.

- Señora Santa Ana,
¿por qué llora el Niño?
-Por una manzana
que se le ha perdido.

-No llore por una,
yo le daré dos:
una para el Niño
y otra para vos

La muchacha descubríase entonces, caía de rodillas y ponía efectivamente dos manzanas en la plataforma que ya mencionamos. Si quería dejaba más de las enumeradas en el canto. Nadie iba a protestar. Una tras otra iban todas las “pastoras” cantando y haciendo sus ofrendas. Consistían en juguetes, frutas, dulces, café y chocolate, pequeñas cosas bellas hechas a mano. Una nota puramente emocional era dada por la “pastora” más pequeña de la banda. Cantaba:

A mi niño Manuelito
todas le trae un don
Yo soy chica y nada tengo,
le traigo mi corazón.

La chicuela arrodillábase haciendo con las manos el ademán del caso. Nunca faltaba quien asegurara que la mocita de veras parecía estar arrancándose el corazón para ofrendarlo.

Las “pastoras” íbanse entonando otros cantos, en medio de un bailecito mantenido entre vueltas y venias. A poco entraban de nuevo, con los rebozos y sombreros en las manos, sonrientes las caras, a tomar parte en la reunión general.

Como habían pasado horas desde la cena, tomábase de la plataforma los alimentos y bebidas ofrendados al Niño Jesús. No se iba a molestar el Niño por eso. Era la costumbre. Cada uno servíase lo que deseaba. A los chicos nos daban además los juguetes. Como es de suponer, las “pastoras” también consumían sus ofrendas. Conversábase entre tanto. Frecuentemente, pedíase a las “pastoras” de mejor voz, que cantaran solas. Algunas accedían. Y entonces todo era silencio, para escuchar a una muchacha erguida, de lucidas trenzas, elevando una voz que era a modo de alta y plácida plegaria.

La reunión se disolvía lentamente. Brillaban linternas por los corredores. Me acostaba en mi cama de cedro, pero no dormía. Esperaba ver de nuevo a mamá. Me gustaba ver que mi madre entraba caminando de puntillas y como ya nos habían dado los juguetes, ponía debajo de mi almohada un pañuelo que había bordado con mi nombre. Me conmovía su ternura. Deseaba yo correspondérsela y no le decía que la existencia había empezado a recortarme los sueños. Ella me dejó el pañuelo bordado, tratando de que yo no despertara, durante varios años.

Ciro Alegría (1909-1967)

Navidad en los andes (1)

Miércoles, diciembre 16th, 2009

Marcabal Grande, hacienda de mi familia, queda en una de las postreras estribaciones de los Andes, lindando con el río Marañon. Compónenla cerros enhiestos y valles profundos. Las frías alturas azulean de rocas desnudas. Las faldas y llanadas propicias verdean de sembríos, donde hay gente que labre, pues lo demás es soledad de naturaleza silvestre.

En los valles aroman el café, el cacao y otros cultivos tropicales, a retazos, porque luego triunfa el bosque salvaje. La casa hacienda, antañona construcción de paredes calizas y tejas rojas, álzase en una falda, entre eucaliptos y muros de piedra, acequias espejeantes y un huerto y un jardín y sembrados y pastizales. A unas cuadras de la casa, canta su júbilo de aguas claras una quebrada y a otras tantas, diseña su melancolía de tumbas un panteón.

Moteando la amplitud de la tierra, cerca, lejos, humean los bohíos de los peones. El viento, incansable transeúnte andino, es como un mensaje de la inmensidad formada por un tumulto de cerros que hieren el cielo nítido a golpe de roquedales.

Cuando era niño, llegaba yo a esa casa cada diciembre durante mis vacaciones. Desmontaba con las espuelas enrojecidas de acicatear al caballo y la cara desollada por la fusta del viento jalquino. Mi madre no acababa de abrazarme. Luego me masajeaba las mejillas y los labios agrietados con manteca de cacao. Mis hermanos y primos miraban las alforjas indagando por juguetes y caramelos. Mis parientes forzudos me levantaban en vilo a guisa de saludo. Mi ama india dejaba resbalar un lagrimón. Mi padre preguntaba invariablemente al guía indio que me acompañó si nos había ido bien en el camino y el indio respondía invariablemente que bien.

Indio es un decir, que algunos eran cholos. Recuerdo todavía sus nombres camperos: Juan Bringas, Gaspar Chiguala, Zenón Pincel. Solían añadir, de modo remolón, si sufrimos lluvia, granizada, cansancio de caballos o cualquier accidente. Una vez, la primera respuesta de Gaspar se hizo más notable porque una súbita crecida llevóse un puente y por poco nos arrastra el río al vadearlo. Mi padre regañó entonces a Gaspar:

- ¿Cómo dices que bien?

- Si hemos llegao bien, todo ha estao bien-, fue su apreciación.

El hecho era que el hogar andino me recibía con el natural afecto y un conjunto de características a las que podría llamar centenarias y, en algunos casos, milenarias.

Mi padre comenzaba pronto a preparar el Nacimiento. En la habitación más espaciosa de la casona, levantaba un armazón de cajones y tablas, ayudado por un carpintero al que decían Gamboyao y nosotros los chicuelos, a quienes la oportunidad de clavar o serruchar nos parecía un privilegio. De hecho lo era, porque ni papá ni Gamboyao tenían mucha confianza en nuestra destreza.

Después, mi padre encaminábase hacia alguna zona boscosa, siempre seguido de nosotros los pequeños, que hechos una vocinglera turba, poníamos en fuga a perdices, torcaces, conejos silvestres y otros espantadizos animales del campo. Del monte traíamos musgo, manojos de unas plantas parásitas que crecían como barbas en los troncos, unas pencas llamadas achupallas, ciertas carnosas siemprevivas de la región, ramas de hojas olorosas y extrañas flores granates y anaranjadas. Todo ese mundillo vegetal capturado, tenía la característica de no marchitarse pronto y debía cubrir la armazón de madera. Cumplido el propósito, la amplia habitación olía a bosque recién cortado.

Las figuras del Nacimiento eran sacadas entonces de un armario y colocadas en el centro de la armazón cubierta de ramas, plantas y flores. San José, la Virgen y el Niño, con la mula y el buey, no parecían estar en un establo, salvo por el puñado de paja que amarilleaba en el lecho del Niño. Quedaban en medio de una síntesis de selva. Tal se acostumbraba tradicionalmente en Marcabal Grande y toda la región. Ante las imágenes relucía una plataforma de madera desnuda, que oportunamente era cubierta con n mantel bordado, y cuyo objeto ya se verá.

En medio de los preparativos, mamá solía decir a mi padre, sonriendo de modo tierno y jubiloso:

- José, pero si tú eres ateo…

- Déjame, déjame, Herminia, replicaba mi padre con buen humor-, no me recuerdes eso ahora y…a los chicos les gusta la Navidad…

Un ateo no quería herir el alma de los niños. Toda la gente de la región, que hasta ahora lo recuerda, sabía por experiencia que mi padre era un cristiano por las obras y cotidianamente.

Por esos días llegaban los indios y cholos colonos a la casa, llevando obsequios, a nosotros los pequeños, a mis padres, a mi abuela Juana, a mis tíos, a quien quisieran elegir entre los patrones. Más regalos recibía mamá. Obsequiábannos gallinas y pavos, lechones y cabritos, frutas y tejidos y cuantas cosillas consideraban buenas. Retornábaseles la atención con telas, pañuelos, rondines, machetes, cuchillas, sal, azúcar… Cierta vez, un indio regalóme un venado de meses que me tuvo deslumbrado durante todas las vacaciones.

Por esos días también iban ensayando sus cantos y bailes las llamadas “pastoras”, banda de danzantes compuesta por todas las muchachas de la casa y dos mocetones cuyo papel diré luego.

(continuará…Wink

Ciro Alegría (1909-1967)

Yo me resisto a creer

Martes, noviembre 24th, 2009

Yo me resisto a creer que un joven un día haya querido ofrendar su vida y haya tenido como ideal el sacerdocio para ser un sacerdote mediocre.

Yo me resisto a creer que alguien un día haya querido casarse pensando en el fracaso o pensando en la infidelidad.

Yo me resisto a creer que alguien un día haya querido ser médico pensando solamente en su cartera y con el paso del tiempo se haya convertido en un mercader de la vida.

Yo me resisto a creer que alguien un día haya querido ser maestro para ser solamente un comerciante de sus conocimientos.

Yo me resisto a creer que el joven no sea capaz de valorar su vida y la malbarate. Que un joven solamente piense en pisotear su salud o que un joven eche al drenaje su propia sexualidad.

Yo me resisto a creer que exista un hombre sobre la tierra que un día no haya tenido sueños, que un día no haya tenido ideales, que un día no haya sabido valorar el porqué Dios lo puso en esta tierra.

El hombre debe tener valores para poder vivir y debe vivir conforme a esos valores.

La vida que vivamos será nuestra mejor forma de predicar y de comunicar, nuestros valores se deben volver vida en nuestra persona.

“Cuándo planté rosales coseché siempre rosas”

nbas

Vivir es

Lunes, noviembre 23rd, 2009

Vivir, es vibrar cada instalante, ante la emoción de percibir la maravilla de la creación de Dios que nos rodea.

Vivir, es entender que cada minuto que transcurre ¡no volverá!

Vivir, es saber dar lo mejor de nosotros, es vibrar en la bondad y llevar a su máxima expresión nuestra capacidad de ser.

Vivir, es aprender más cada día, es gozar los momentos bellos y desafiarse a sí mismo ante las adversidades.

Vivir, es amar intensamente a través de una caricia, es escuchar en silencio la palabra del ser amado, es perdonar una ofensa, es sentir la presencia del otro, es besar con amor a quien nos ama.

Vivir, es contemplar apaciblemente la alegría de un niño, escuchar al adolescente aceptando sus inquietudes sin protestar, acompañar con gratitud la ancianidad en su soledad.

Vivir, es comprender al amigo ante la adversidad y tener la capacidad de regocijarme ante sus triunfos y realización.

Vivir es sentir que nuestro existir no fue vano y en la medida en que nos atrevamos a dar lo mejor de nosotros en cada momento, logremos manifestar la grandeza de nuestra alma para amar.

Vivir es vibrar y sentir, es amar y gozar, es observar y superar, es dar y aceptar, es comprender que nuestro tiempo es lo único que poseemos para realizar plenamente nuestro ser.

D/A

La tristeza

Martes, noviembre 10th, 2009

Se conocen más de mil pecados bien definidos.  Uno de ellos es el de la TRISTEZA, la ausencia de color en el alma.  El prisma descompone la luz, como en el arcoiris, en siete colores inconfundibles, pero suele ocurrir que el ojo sólo percibe el negro o su opuesto, el blanco, la ausencia de color.

Existen señales claras de tristeza: el consumo masivo de euforizantes; el ritual indispensable de la “happy hour” después de la oficina, con el obsequio de un trago plus; los rostros agobiados de los que buscan empleos o de los que trabajan.

Cada vez se pone más en evidencia el predominio del negro y los grises en la vestimenta. Los aspirantes a ejecutivos visten de negro, igual que sus superiores, y se desplazan petulantes por el centro de las ciudades.

Los jóvenes salen de “fiesta” con ropas oscuras, camperas y botas; tanto hombres como mujeres, con definida vocación draculina.

Los escritores, seguidos por multitud de admiradores de autógrafos, suelen vestir de negro. Es muy probable que comience a venderse ropa negra para bebés, delantales grises para las escuelas, ropa de novia oscura para hacer juego con las sotanas.

La tristeza sienta sus reales en las telenovelas: mata que te matan. La fiesta está en el funeral.

La tristeza es “el comienzo del fin”. El que sonríe es un irresponsable. Las tendencias hacia la tristeza son notables. Sin embargo, es un “pecado”; esto es, “errar en el blanco, no acertar”. Uno peca, al menos etimológicamente, cuando no da donde no tiene que dar, cuando se equivoca con la vida. Cuando traiciona a la alegría.

En una oportunidad se encontraron dos gatos, uno triste y el otro alegre. El primero giraba contínuamente tratando en vano de agarrarse la cola. Entonces, el otro le preguntó:

-¿Qué te ocurre, qué estás haciendo?

-Estoy tratando de agarrarme la cola, si la alcanzo seré feliz, ya casi la tengo…

Cansado, se detuvo un momento y preguntó:

-¿Cómo es que no persigues tu cola?

El gato feliz sonrió:

-Alguna vez lo hice, cuando estaba insatisfecho conmigo mismo.
Un día descubrí que si caminaba, me seguía, y dejé de dar vueltas tristemente. Desde entonces me acompaña sin problemas. Me alegro de que esté donde está.

Es posible encontrar un vaso grande de felicidad en las cosas más simples de la vida, en el reconocimiento gratuito de nuestras propias potencialidades de disfrute, en el reír juntos, en identificarnos con alguno de los colores que componen el milagro de la luz.

“No tratemos de perseguir a nuestra sombra. Nos sigue cuando no le damos importancia. La tristeza toma fuerzas cuando pecamos en ella”.

Actuar con sabiduría canina

Martes, septiembre 1st, 2009

Lo importante de cada día es vivirlo con intensidad y con plenitud… Se debe vivir el momento proyectándolo a lo trascendental… Lo fácil o lo difícil son meros límites que nos ponemos nosotros mismos.

La vida interior es la raíz de nuestra vida exterior.  No se puede hablar de lo que no se sabe, si a lo que se sabe no se lo sintió y experimentó mental, espiritual y físicamente en perfecta armonía.  La palabra está hecha para ser escuchada y el silencio para engendrar el mensaje dado.

“Saber actuar con sabiduría canina”.

¿Ya te imaginaste actuando con sabiduría canina?
Inténtalo

-Nunca dejes pasar la oportunidad de salir de paseo.
-Experiments la sensación del aire fresco y del viento en tu rostro por puro placer.
-Cuando alguien que amas se aproxima, corre para saludarlo.
-Cuando hubiera necesidad, practica la obediencia.
-Has saber a los otros cuando estén invadiendo tu territorio.
-Siempre que puedas, duerme una siesta y desperézate al levantarse.
-Corre, salta y juegua a diario.
-Come con gusto y entusiasmo, pero para cuando estes satisfech0.
-Se leal, siempre.
-Nunca pretendas ser algo que no es.
-Si lo que deseas está enterrado, cava hasta encontrarlo.
-Cuando alguien estuviera pasando un mal día, quédate en silencio, siéntate próximo a él y, gentilmente, intenta agradarlo.
-Cuando llames la atención, deja que alguien te toque.
-Evita morder cuando apenas un gruñido podría resolverlo.
-En días templados, recuéstate de espaldas sobre el pasto.
-En días calurosos, bebe mucha agua y descansa bajo un árbol frondoso.
-Cuando estes feliz, baila y sacude todo tu cuerpo.
-No importa cuantas veces te censuren, no asumas culpas que no tengas y no te ponga mal… corre inmediatamente de vuelta hacia tus amigos.
-Alégrate con el simple placer de una caminata.
-Se feliz con tu vida de perro.

D/A
Enlázame

Anónimos con el Autismo

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Anominos con el autismo

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