Una joya en la ciudad. Simplemente hermoso, quizás esa sea la mejor manera de definir el Convento de San Francisco, ubicado a poco más de dos cuadras de la Catedral, en la intersección de los jirones Lampa y Ancash, en el centro histórico de Lima.

Hay quienes dicen que San Francisco es el conjunto arquitectónico más relevante de la ciudad, porque la Plazuela, el Convento y la Iglesia, forman una magnífica unidad de volumen y color.

Otros expertos, en cambio, van mucho más allá, afirmando que el exterior franciscano es uno de los ambientes monumentales más logrados de Hispanoamérica.

La construcción del Convento se inició en 1542, tras el asesinato de Pizarro. En 1656 el local franciscano colapsó, por lo que se emprendió la reedificación.

En una primera etapa, que duró de 1659 a 1662, las obras estuvieron a cargo del arquitecto portugués Constantino Vasconcelos, quien trabajó al lado del maestro limeño Manuel de Escobar.

Este último lo sucedió en la segunda etapa, que abarcó de 1669 a 1674. Escobar hizo sustanciales modificaciones al proyecto original por lo que puede ser considerado como el verdadero artífice del Convento.

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