Tomate tu tiempo
Tomate tiempo para trabajar,
Porque es el precio del éxito.
Tomate tiempo para pensar,
Porque es el manantial de la fuerza.
Tomate tiempo para jugar con tus hijos,
Porque es el secreto de la juventud.
Tomate tiempo para leer,
Porque es la base de la ciencia
y de tu conocimiento.
Tomate tiempo para ser amable,
Porque es la fuerza de la felicidad.
Tomate tiempo para amar,
Porque es el verdadero placer de vivir.
Tomate tiempo para estar alegre,
Porque es la música del alma.
Pero sobre todo y sobre todas las cosas,
Tomate tiempo para soñar.
Porque es el camino hacia las estrellas.
Desconozco el autor
Ganar batallas
Contra las adversidades me encontré
y contra ellas batallé.
A veces con ira,
otras veces con temor.
Intenté estando sola,
pero no encontré más que dolor.
Batallé con otros al lado,
gritando y con valentía,
más sin embargo luego de la derrota
solo quedaba la apatía.
Cansada y abatida por tantas penas,
no sentí más deseo
de enfrentar aquello que
con lo que tanto había luchado.
Más un buen día vencí,
no con violencia, ni con armas.
Odio o agresividad,
sino dándome cuenta,
de que la mejor forma
de ganar una batalla,
es de rodillas, en oración…
pidiendo a quien por
excelencia es Vencedor!
D/A
¡Aleluya, Cristo Resucitó!
La vida triunfó sobre la muerte para siempre. La resurrección de Jesús es el acontecimiento central de la historia de la salvación. El Calvario no fue el último acto de la obra del Señor. La cruz y la muerte de Jesús condujeron a su resurrección.
Las armas victoriosas de Jesús son el amor, la humildad y la obediencia. Como todos sabemos el enemigo arrogante, por matar al Siervo Doliente quedó el mismo vencido.
La resurrección es, sobre todo, la confirmación de todo cuanto Cristo hizo y enseñó. Todas las verdades, incluso las más inaccesibles al espíritu humano, hallan su justificación en Cristo resucitado, Él nos ha dado la prueba definitiva de su autoridad divina.
Si Jesús no hubiera resucitado, sus palabras hubieran quedado en el aire, sus promesas hubieran quedado sin cumplirse y dudaríamos que fuera realmente Dios.
Pero, como Jesús sí resucitó, entonces sabemos que venció a la muerte y al pecado; sabemos que Jesús es Dios, sabemos que nosotros resucitaremos también, sabemos que ganó para nosotros la vida eterna y de esta manera, toda nuestra vida adquiere sentido.
La Resurrección es fuente de profunda alegría. A partir de ella, los cristianos no podemos vivir más con caras tristes. Debemos tener cara de resucitados, demostremos al mundo nuestra alegría porque Jesús ha vencido a la muerte.
La Resurrección es una luz para los hombres y cada cristiano debe irradiar esa misma luz a todos los hombres haciéndolos partícipes de la alegría de la Resurrección por medio de sus palabras, su testimonio y su trabajo apostólico.
Debemos estar verdaderamente alegres por la Resurrección de Jesucristo, nuestro Señor. En este tiempo de Pascua que comienza, debemos aprovechar todas las gracias que Dios nos da para crecer en nuestra fe y ser mejores cristianos. Vivamos con profundidad este tiempo.
nbas
Si quieres correr, no debes gatear
Es una manera un poco brusca de llamarnos a la realidad, pero… ¡cuánta verdad hay en estas palabras!
En estos días estoy pensando mucho en este viejo refrán, y pienso cuántas veces en nuestra vida espiritual ansiamos y deseamos con todo nuestro corazón convertirnos en los corredores más veloces en la Carrera Espiritual, y con tristeza nos damos cuenta que lo deseamos pero en realidad todavía estamos “gateando”. Nos damos cuenta de ello cuando nuestros sueños nos alcanzan y la realidad de nuestras fuerzas nos enfrentan a la imposibilidad de realizarlos.
Tal vez en esos momentos nuestras emociones nos traicionan y hasta podemos llegar a pensar que Dios no nos ama, o la frustración nos invade haciéndonos sentir inútiles y débiles, creyendo que en realidad quisimos subir por las nubes como las águilas y nuestro vuelo era el de un gorrión. Muchas veces vemos desmoronarse muchos de nuestros proyectos y como se disipan como la bruma muchos de nuestros anhelos. Tal vez ése sea el momento indicado para deteneros y examinar dónde estamos parados.
¿Saben amig@s mí@s? Casi siempre estoy en ese lugar. En estos días estuve delante de tremendas presiones, viendo delante de mis ojos los sueños de toda una vida, y a la vez viendo a mi alrededor tambalear todo por lo que uno espera, y me pregunté ¿Qué hacer? Mis querid@s amig@s y compañer@s de reflexiones, te voy a contar mi realidad… ¡NO LO SE!
Tal vez esperabas otra respuesta, lamentablemente no la tengo, pues soy simplemente una pobre bolsa de huesos, un puñado de polvo que se vuela con el viento. Así, entre en el laberinto del desconcierto y cuando el huracán de la decepción casi me atrapa, un amigo se acercó hasta mi y me dijo algo que me conmovió en las entrañas, me dijo:
- “¿Sabes? Hace un tiempo un pastor me dijo que Dios se había enamorado de mi, Dios ama a todos y bendice a todos los ministerios, pero con algunas personas tiene algo que no se puede entender”
Y mientras me contaba esta historia acerca de él, con lágrimas en los ojos me miró y dijo:
- “Dios esta enamorado de vos”.
¡Imagínate todas las cosas que pasaron por mi cabeza! Casi sin pensar le respondí:
-”Si en verdad esta enamorado de mi… ¡cuánto dolor le estoy dando al no corresponderle de la misma manera!”, y el me contestó:
-”No. Él no piensa así, y nadie sabe por que ….. Solo te ama. Dios esta enamorado de vos”, me repitió…
Por un momento todo se detuvo a mi alrededor, y en una fracción de segundo el universo entero se detuvo, y en ese segundo mis ojos vieron esa inmensidad y solo mis lágrimas fueron la respuesta,
-¿Por qué Dios puede amar alguien como yo o como tu? Y perdóname que me ponga en primer lugar, la verdad es que no lo sé, yo observo mi interior y mis actos, pruebo mis sentimientos y me digo: “no, no es posible que El me ame”, y allí en ese instante toda mi debilidad desaparece y todos mis sueños vuelven a crecer y se despiertan otra vez mis anhelos y de nuevo mis ojos se abren a una nueva luz, la fe ocupa el lugar de la decepción y todo mi ser comienza a ponerse en movimiento.
Tal vez sea hasta la próxima vez que me encuentre en otro momento de debilidad y me vea gateando en vez de correr, y nuevamente las palabras de mi amigo vengan a mi corazón y me hagan recordar que: EL ESTA ENAMORADO DE MI.
Quizás todavía esté diciendo:
-”Con amor eterno te amé”.
Querid@s amig@s, es algo inexplicable, es increíble que Él convierta el vuelo de un gorrión en el aletear majestuoso de un águila. ¿Por qué? ¿Para qué preguntar lo que no tiene respuesta? Solo detente y piensa
EL ESTA ENAMORADO DE TI.
nbas
Domingo de ramos
Con la celebración del Domingo de Ramos iniciamos la Semana Santa. El centro de esta semana es la persona y la misión de Jesucristo. Para él es su “hora”, para esto he venido, nos dirá. Qué significa esto para nosotros? Es sólo el recuerdo de un hecho del pasado, o es también presente y camino hacia el futuro? Al querer responder a estas preguntas nos introducimos en lo decisivo de nuestra fe, que es la presencia actual de Jesucristo. Es decir, celebramos un acontecimiento histórico pero que permanece en el tiempo como presencia y es, al miso tiempo, anticipo y certeza de ese futuro al que estamos en camino. En este sentido decimos que Jesucristo es el centro de la historia y la respuesta definitiva al hombre.
La fe no tiene su riqueza sólo en un hecho del pasado que recordamos, sino en la presencia de ese mismo hecho al que celebramos como realidad actual. Esto significa que la fe nos hace partícipes de la vida de Jesucristo, que hoy nos acompaña como: “camino, verdad y vida”. La liturgia, con su sentido docente y celebrativo, dedica un tiempo propio cada año para recordar ese momento único en el que se cumplió la “hora” de Jesús, centro de la historia y de la fe. Para la celebración de esta Semana Mayor, la Iglesia nos ha preparado durante el tiempo de Cuaresma.
En el Domingo de Ramos asistimos a la alegría de un pueblo que recibe la entrada de Jesús en Jerusalén, pero, al mismo tiempo, aparecen las sombras del camino de la Cruz. La celebración de Ramos tiene mucho de humano, parecería que conviven el entusiasmo por su llegada: “Bendito el que viene en el nombre del Señor”, con el dolor de la traición y la cercanía de la muerte. No son dos caminos paralelos que dejarían al hombre en la incertidumbre, sino que será Jesucristo, con su muerte y resurrección, quién nos dará la respuesta definitiva. “La muerte ha sido vencida”, es la expresión gozosa del triunfo de la Pascua, que se convierte en certeza y esperanza para el cristiano. No caminamos a tientas, sino bajo la luz y la fuerza de Jesucristo.
Para qué o para quién ha venido Jesucristo? Pienso que cuando nos descubrimos como destinatarios personales de su mensaje, dejamos de ser espectadores de su venida para convertirnos en partícipes de su vida y miembros de su proyecto. En ese momento algo en nosotros comienza a cambiar, la vida cobra sentido; no nos sentimos solos, nos descubrimos en un camino que nos hace hermanos. La vida, en el decir del Santo Padre, deja ese gris de la monotonía y la rutina para convocarnos a un proyecto nuevo y creativo. Los signos en los que se expresa esta Vida nueva, fruto del encuentro con Jesucristo, van a ser la alegría y la paz, el amor y la comunión.
Aprovechemos este tiempo que se inicia el Domingo de Ramos, para acercarnos a nuestra Parroquia y renovar el camino de este encuentro con Jesucristo. Reciban de su Obispo, junto a mi afecto y oraciones, mi bendición en el Señor.
A.C.
Quiero
Quiero ser tu fortaleza
En tu debilidad quiero ser
Tu apoyo y contigo poder contar.
Quiero que nunca me olvides
Porque yo nunca te voy a olvidar
Quiero estar siempre contigo
Aunque cerca de ti no pueda estar.
Quiero pensar que ya nada
Podrá romper este lazo
Que a nuestras almas une
Mas allá de la hermandad.
Quiero agradecerle a DIOS
Que me dio tu Amistad
Y pensar que merezco conservarla
No pido nada más….
MB
La araña y la viejecita
En una casita, en lo alto de una montaña, vivía hace tiempo una viejecita muy buena y cariñosa.
Tenía el pelo blanco y la piel de su cara era tan clara como los rayos del sol.
Estaba muy sola y un poco triste, porque nadie iba a visitarla.
Lo único que poseía era un viejo baúl y la compañía de una arañita muy trabajadora, que siempre le acompañaba cuando tejía y hacía labores.
La pequeña araña, conocía muy bien cuando la viejecita era feliz y cuando no.
Desde muy pequeña la observaba y había aprendido tanto de ella que pensó que sería buena idea intentar que bajara al pueblo para hablar con los demás. Así aprenderían todo lo que ella podía enseñarles.
Ella les enseñaría a ser valientes cuando estén solos, a ser fuertes para vencer los problemas de cada día y algo muy, muy importante a crear ilusiones, sueños, fantasías.
Las horas pasaban junto a la chimenea y las dos se entretenían bordando y haciendo punto.
La viejecita, apenas podías sostener las madejas y los hilos en sus brazos.
¡Qué cansada me siento!, ¡Me pesan mucho estas agujas!. Decía la ancianita.
La arañita, la mimaba y la sonreía.
Un día, la araña, pensó que ya había llegado el momento de poner en práctica su idea.
¿Sabes, lo que haremos?. ¡Iremos al mercado a vender nuestras labores!. ¡Así, ganaremos dinero y podremos ver a otras personas y hablar con ellas!.
La anciana no estaba muy convencida.
¡Hace mucho tiempo que no hablo con nadie!. Dijo: la anciana.
¿Crees que puede importarle a alguien lo que yo le diga?.
¡Claro que sí!. ¡Verás como nos divertimos!.
Se pusieron en marcha, bajaron despacito, como el que no quiere perder ni un minuto de la vida.
Iban admirando el paisaje, los árboles, las flores y los pequeños animalitos que veían por el camino.
Llegaron al mercado y extendieron sus bordados sobre una gran mesa.
Todo el mundo se paraba a mirarlos. ¡Eran tan bonitos!.
La gente les compró todo lo que llevaban. ¡Además hicieron buenos amigos!.
Enseguida, los demás, se dieron cuenta de la gran persona que era la viejecita y le pedían consejo sobre sus problemillas.
Al principio, le daba un poco de vergüenza que todo el mundo, la preguntara cosas. Pero poco a poco descubrió el gran valor que tienen las palabras y cómo muchas veces una palabra ayuda a superar las tristezas.
Palabras llenas de cariño como:
¡Animo, adelante, puedes conseguirlo!. ¡Confía en ti, cree en ti!.
Ella también aprendió ese día, que las cosas que sentimos en el corazón, debemos sacarlas fuera, quizá los otros puedan aprovecharlas para su vida.
La arañita le decía a la anciana: ¡Deja volar tus sentimientos, se alegre, espontánea, ofrece siempre lo mejor de ti!.
La viejecita y la araña partieron hacia su casita de la montaña.
Siguieron haciendo bordados y bordados.
Trabajaban mucho y cuando llegaba la noche la araña se iba a su rinconcito a dormir. La anciana se despedía de ella y le decía: ¡Gracias por ser mi amiga!.
¡Un amigo, es más valioso que joyas y riquezas, llora y ríe contigo y también sueña!.
Mientras sentía estos pensamientos, la viejecita se iba quedando dormida, sus ojos cansados se cerraron y la paz brilló en su cara.
La luna les acompañaba e iluminaba la pequeña casita y nunca, nunca estaban solas. Más allá, muy lejos, sus seres queridos velaban sus sueños.
El convicto liberado
Cada año, con motivo del aniversario de su coronación, el rey de un pequeño condado liberaba a un prisionero. Cuando cumplió 25 años como monarca, él mismo quiso ir a la prisión acompañado de su Primer Ministro y toda la corte para decidir cuál prisionero iba a liberar.
-”Majestad”, dijo el primero, “yo soy inocente pues un enemigo me acusó falsamente y por eso estoy en la cárcel”.
-”A mí”, añadió otro, “me confundieron con un asesino pero yo jamás he matado a nadie”.
-”El juez me condenó injustamente”, dijo un tercero.
Y así, todos y cada uno manifestaba al rey porque razones merecían precisamente la gracia de ser liberados.
Había un hombre en un rincón que no se acercaba y que permanecía callado y algo distraído. Entonces, el rey le preguntó:
- “Tu, ¿Por qué estás aquí?
-El hombre contestó: “Porque maté a un hombre majestad, yo soy un asesino”.
-”¿Y por qué lo mataste?”, inquirió el monarca.
-”Porque estaba muy violento en esos momentos”, contestó el recluso.
-”¿Y por qué te violentaste?”, continuó el rey.
-”Porque no tengo dominio sobre mi enojo”.
Pasó un momento de silencio mientras el rey decidía a quien liberaría. Entonces tomó el cetro y dijo al asesino que acaba de interrogar:
-”Tú sales de la cárcel”.
-”Pero majestad”, replicó el Primer Ministro, “¿Acaso no parecen más justos cualquiera de los otros?”
-”Precisamente por eso”, respondió el rey, “saco a este malvado de la cárcel para que no eche a perder a todos los demás que parecen tan buenos”.





El único pecado que no puede ser perdonado es el que no reconocemos. Es necesario confesar que somos pecadores y no tan buenos como muchas veces creemos ser o tratamos de aparentar.
El amigo del hijo
Era la reunión del domingo por la noche de un grupo apostólico en una parroquia. Después que entonaron unas canciones, el sacerdote de la iglesia se dirigió al grupo y presentó a un orador invitado; se trataba de uno de sus amigos de la infancia, ya entrado en años.
Mientras todos lo seguían con la mirada, el anciano ocupó el púlpito y comenzó a contar esta historia:
-Un hombre junto con su hijo y un amigo de su hijo estaban navegando en un velero a lo largo de la costa del Pacífico, cuando una tormenta les impidió volver a tierra firme. Las olas se encresparon a tal grado que el padre, a pesar de ser un marinero de experiencia, no pudo mantener a flote la embarcación, y las aguas del océano arrastraron a los tres.
Al decir esto, el anciano se detuvo un momento y miró a dos adolescentes que por primera vez desde que comenzó la plática estaban mostrando interés; y siguió narrando:
-El padre logró agarrar una soga, pero luego tuvo que tomar la decisión más terrible de su vida: Escoger a cuál de los dos muchachos tirarle el otro extremo de la soga. Tuvo sólo escasos segundos para decidirse. El padre sabía que su hijo era un buen cristiano, y también sabía que el amigo de su hijo no lo era. La agonía de la decisión era mucho mayor que los embates de las olas.
Miró en dirección a su hijo y le gritó:
-¡TE QUIERO, HIJO MIO!….. y le tiró la soga al amigo de su hijo.
En el tiempo que le tomó al muchacho llegar hasta el velero volcado en campana, su hijo desapareció bajo los fuertes oleajes en la oscuridad de la noche. Jamás lograron encontrar su cuerpo.
Los dos adolescentes estaban escuchando con suma atención, atentos a las próximas palabras que pronunciara el orador invitado.
El padre; -continuó el anciano- ;sabía que su hijo pasaría la eternidad con Cristo, y no podía soportar el hecho de que el amigo de su hijo no estuviera preparado para encontrarse con Dios. Por eso sacrificó a su hijo. ¡Cuán grande es el amor de Dios que lo impulsó a hacer lo mismo por nosotros! Dicho esto, el anciano volvió a sentarse, y hubo un tenso silencio.
Pocos minutos después de concluida la reunión, los dos adolescentes se encontraron con el anciano. Uno de ellos le dijo cortésmente:
-Esa fue una historia muy bonita, pero a mí me cuesta trabajo creer que ese padre haya sacrificado la vida de su hijo con la ilusión de que el otro muchacho algún día decidiera seguir a Cristo.
-”Tienes toda la razón”, le contestó el anciano mientras miraba su Biblia gastada por el uso. Y mientras sonreía, miró fijamente a los dos jóvenes y les dijo:
-Pero esa historia me ayuda a comprender lo difícil que debió haber sido para Dios entregar a su Hijo por mí.
-A mí también me costaría trabajo creerlo si no fuera porque el amigo de ese muchacho que fue devorado por las aguas era yo!.
La aldea que se derrumbaba
Era una aldea encantadora, de esas que están metidas entre las montañas. En ella quedaba unos pocos habitantes que, en general, se llevaban bien; quizás porque sólo se saludaban cuando se cruzaban. En la puerta de cada casa, estaban escritas las habilidades que cada vecino tenía, y, a juzgar por lo largas que eran las listas, la gente de aquel pueblo debía de valer mucho. Los vecinos de aquel pueblo debían de valer mucho, pero el pueblo estaba cada día más estropeado. Las fachadas de las casas estaban cada día peor a causa del tiempo, la lluvia, los fríos…
Un día se cayó el poste de teléfonos y cuando pasaban los vecinos decían:
- Ya lo arreglarán los otros, yo no soy el encargado.
Poco después los hielos rompieron las cañerías de la fuente de la plaza y los vecinos decían:
- ¡Qué lástima! ¿No habrá nadie que lo arregle?
Y el agua inundó la plaza y corría, calle abajo, inundándolo todo. Poco a poco se fueron rompiendo también las tejas y las casas se inundaron de goteras, porque en los carteles de los vecinos no ponía la habilidad de arreglar tejados. En las esquinas de las calles crecían las zarzas, y no se podía pasar por algunas calles porque la maleza había cerrado el paso y nadie la cuidaba, ya que ninguno tenía esa habilidad. Las calles, las casas, las cercas, las fuentes, todo estaba medio hundido. Hasta los carteles de las puertas de las viviendas, con las cualidades de los vecinos, se habían destrozado.
Un día se encontraron, por casualidad, todos los vecinos en la plaza y empezaron a comentar unos a otros los destrozos que sufría cada uno:
- A mí se me ha hundido el tejado…;
- A mí no me llega la luz…
- Yo tengo una zarza en medio de la puerta y casi no puedo salir…
Y así, unos tras otros fueron narrando las desgracias de aquella aldea que había venido a la ruina por el abandono. Pasando mucho tiempo, alguien sugirió la idea de asociarse para arreglar las casas. A todos les pareció bien la idea de asociarse y comenzaron por quitar entre todos las zarzas y maleza de las calles, luego siguieron las cercas y después los tejados y las casas hundidas. En la plaza, volvió a correr de nuevo la fuente y pusieron en ella una inscripción:
“Agua, corre siempre transparente, sin mancharte con nuestro abandono.” Y volvieron a levantar los carteles de cada casa, pero pusieron una sola cualidad, en todos la misma:
“Ayudarás siempre a tus vecinos a construir cada día un pueblo nuevo y unido.”
Y el pueblo volvió a lucir entre las montañas, y todos los caminantes que llegaban hasta aquel lugar encontraban la aldea siempre nueva.










