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Archive for marzo 15th, 2010

El amigo del hijo

Lunes, marzo 15th, 2010

Era la reunión del domingo por la noche de un grupo apostólico en una parroquia.   Después que entonaron unas canciones, el sacerdote de la iglesia se dirigió al grupo y presentó a un orador invitado; se trataba de uno de sus amigos de la infancia, ya entrado en años.

Mientras todos lo seguían con la mirada, el anciano ocupó el púlpito y comenzó a contar esta historia:

-Un hombre junto con su hijo y un amigo de su hijo estaban navegando en un velero a lo largo de la costa del Pacífico, cuando una tormenta les impidió volver a tierra firme.  Las olas se encresparon a tal grado que el padre, a pesar de ser un marinero de experiencia, no pudo mantener a flote la embarcación, y las aguas del océano arrastraron a los tres.

Al decir esto, el anciano se detuvo un momento y miró a dos adolescentes que por primera vez desde que comenzó la plática estaban mostrando interés; y siguió narrando:

-El padre logró agarrar una soga, pero luego tuvo que tomar la decisión más terrible de su vida:  Escoger a cuál de los dos muchachos tirarle el otro extremo de la soga. Tuvo sólo escasos segundos para decidirse.  El padre sabía que su hijo era un buen cristiano, y  también sabía que el amigo de su hijo no lo era. La agonía de la decisión era mucho mayor que los embates de las olas.

Miró en dirección a su hijo y le gritó:

-¡TE QUIERO, HIJO MIO!….. y le tiró la soga al amigo de su hijo.

En el tiempo que le tomó al muchacho llegar hasta el velero volcado en campana, su hijo desapareció bajo los fuertes oleajes en la oscuridad de la noche. Jamás lograron encontrar su cuerpo.

Los dos adolescentes estaban escuchando con suma atención, atentos a las próximas palabras que pronunciara el orador invitado.

El padre; -continuó el anciano- ;sabía que su hijo pasaría la eternidad con Cristo, y no podía soportar el hecho de que el amigo de su hijo no estuviera preparado para encontrarse con Dios. Por eso sacrificó a su hijo. ¡Cuán grande es el amor de Dios que lo impulsó a hacer lo mismo por nosotros!  Dicho esto, el anciano volvió a sentarse, y hubo un tenso silencio.

Pocos minutos después de concluida la reunión, los dos adolescentes se encontraron con el anciano. Uno de ellos le dijo cortésmente:

-Esa fue una historia muy bonita, pero a mí me cuesta trabajo creer que ese padre haya sacrificado la vida de su hijo con la ilusión de que el otro muchacho algún día decidiera seguir a Cristo.

-”Tienes toda la razón”, le contestó el anciano mientras miraba su Biblia gastada por el uso. Y mientras sonreía, miró fijamente a los dos jóvenes y les dijo:

-Pero esa historia me ayuda a comprender lo difícil que debió haber sido para Dios entregar a su Hijo por mí.

-A mí también me costaría trabajo creerlo si no fuera porque el amigo de ese muchacho que fue devorado por las aguas era yo!.

La aldea que se derrumbaba

Lunes, marzo 15th, 2010

Era una aldea encantadora, de esas que están metidas entre las montañas. En ella quedaba unos pocos habitantes que, en general, se llevaban bien; quizás porque sólo se saludaban cuando se cruzaban. En la puerta de cada casa, estaban escritas las habilidades que cada vecino tenía, y, a juzgar por lo largas que eran las listas, la gente de aquel pueblo debía de valer mucho. Los vecinos de aquel pueblo debían de valer mucho, pero el pueblo estaba cada día más estropeado. Las fachadas de las casas estaban cada día peor a causa del tiempo, la lluvia, los fríos…

Un día se cayó el poste de teléfonos y cuando pasaban los vecinos decían:

- Ya lo arreglarán los otros, yo no soy el encargado.

Poco después los hielos rompieron las cañerías de la fuente de la plaza y los vecinos decían:

- ¡Qué lástima! ¿No habrá nadie que lo arregle?

Y el agua inundó la plaza y corría, calle abajo, inundándolo todo. Poco a poco se fueron rompiendo también las tejas y las casas se inundaron de goteras, porque en los carteles de los vecinos no ponía la habilidad de arreglar tejados. En las esquinas de las calles crecían las zarzas, y no se podía pasar por algunas calles porque la maleza había cerrado el paso y nadie la cuidaba, ya que ninguno tenía esa habilidad. Las calles, las casas, las cercas, las fuentes, todo estaba medio hundido. Hasta los carteles de las puertas de las viviendas, con las cualidades de los vecinos, se habían destrozado.

Un día se encontraron, por casualidad, todos los vecinos en la plaza y empezaron a comentar unos a otros los destrozos que sufría cada uno:

- A mí se me ha hundido el tejado…;

- A mí no me llega la luz…

- Yo tengo una zarza en medio de la puerta y casi no puedo salir…

Y así, unos tras otros fueron narrando las desgracias de aquella aldea que había venido a la ruina por el abandono. Pasando mucho tiempo, alguien sugirió la idea de asociarse para arreglar las casas. A todos les pareció bien la idea de asociarse y comenzaron por quitar entre todos las zarzas y maleza de las calles, luego siguieron las cercas y después los tejados y las casas hundidas. En la plaza, volvió a correr de nuevo la fuente y pusieron en ella una inscripción:

“Agua, corre siempre transparente, sin mancharte con nuestro abandono.” Y volvieron a levantar los carteles de cada casa, pero pusieron una sola cualidad, en todos la misma:

“Ayudarás siempre a tus vecinos a construir cada día un pueblo nuevo y unido.”

Y el pueblo volvió a lucir entre las montañas, y todos los caminantes que llegaban hasta aquel lugar encontraban la aldea siempre nueva.

La belleza en el corazón

Lunes, marzo 15th, 2010

Una mujer preguntó a un filósofo:

-¿Puede una mujer hacer feliz a un hombre?

-Puede intentarlo, dijo el filósofo, pero para ello debe tener una serie de cualidades.

-Dígame si las cualidades que yo creo son las que se necesitan y déme una puntuación a cada una de ellas.

-Veamos:

Belleza física 0

Simpatía 0

Hermosura 0

Belleza de corazón 1

- Pero doctor, la puntuación es 0001, tan baja que con ello y a pesar de esas buenas cualidades, una mujer no va a conseguir hacer feliz a un hombre, dijo la mujer. – Efectivamente, pero si damos la vuelta a las cualidades y empezamos por la Belleza en el Corazón, obtendremos 1 y si además es guapa, simpática y hermosa, obtendremos una puntuación de 1000; pero fíjese que la belleza, la simpatía y la hermosura no tienen ningún valor si van delante de la…

¡¡Belleza en el Corazón!!

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