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Archive for noviembre 14th, 2009

Decir adiós

Sábado, noviembre 14th, 2009

El adiós siempre está presente en nuestras vidas. es una idea romántica, nostálgica, cruel, melancólica, vengativa… pero, sobre todo, es humana, porque vivir es encuentro y despedida.

Pequeños adioses se pronuncian a menudo cada día, pero un gran adiós se dice pocas veces en la vida.

Un adiós definitivo, de los que rompen una historia o despiden para siempre, es infrecuente. El adiós es una idea romántica, favorita del cine y la literatura y muy versátil, tan nostálgica como cruel o tan melancólica como vengativa. Pero por encima de todo es profundamente humana, porque vivir es un constante encuentro, pero también es una irremediable despedida.

Tarde o temprano hay que decir adiós a trozos de la existencia; a la infancia, al trabajo, quizá a una ciudad, a unos amigos, a una casa. Estas fracturas tienen recambio porque si algo se pierde, un nuevo elemento llega; otra ciudad, otra gente, otra actividad; por eso, seguramente, sean más conmovedoras que dolorosas.

Hay, sin embargo, un adiós sin sustitución, huérfano, que no deja sino vacío, porque a veces sucede que sólo cuando algo se pierde para siempre es cuando se empieza a querer. ¡Cuánto daño hacen estos adioses! Más daño aún si además son inesperados o sorpresivos y todavía más si no son recíprocos, porque dos no discuten si uno no quiere; pero en el adiós eso no vale, algo se rompe simplemente porque uno quiere, aunque el otro no lo desee.

Con o sin recambio hay que saber decir adiós, y hay quien no acepta esta evidencia, quien desea conservar todo lo que tuvo, quien querría llevar en una mochila vital todo lo que se cruzó en su camino. Ciertas personas guardan objetos mas allá de su valor e incluso de su accesibilidad, cuando el espacio, la mente y la vida son limitados y existe, implacablemente, una censura por saturación. Romper, olvidar, desprenderse, no es siempre malo. Decir adiós es lo más deseable cuando se despide lo que daña, el adiós es feliz si se brinda al analfabetismo, a las enfermedades, a un matrimonio devastador. Mientras tanto, los muchos que han sentido la herida que deja un beso o una carta de despedida han de imaginar que las cicatrices de un adiós también enseñan a vivir.

Nuestra vida

Sábado, noviembre 14th, 2009

Hay un momento en la vida, en que comprendes que es tiempo de cambiar y que si no lo haces, nada jamás podrá cambiar. Comprendes que si al fracasar, no tienes el coraje de comenzar de nuevo, la vida seguirá sin tí….

La dicha no nos acompaña siempre y nuestra vida a veces se torna diferente de lo que nos imaginamos. No siempre nuestros días brindan lo que esperamos. Sin comprender por qué, a veces toman rumbos tan imprevesibles que ni en tus sueños se hubieran asomado. Pero igual, si no te animas a escoger un camino, o realizar un sueño, estás en gran peligro de vagar sin rumbo y perderte.

Más bien que preguntarte con mil ansias por qué tu vida se ha tornado como es ahora, acepta el camino abierto que te espera. Olvídate de lo que fue, no te confundas. Eso ya pasó. Solo el presente importa. El pasado es ya una ilusión, y el futuro todavía no existe. Pero vivimos hoy.

Mide tus pasos uno a uno, sin perder la fe, guardando tu valor y confianza. Con tu frente alta, no temas soñar, ni mirar las estrellas. Un poco más de paciencia, tu vigor volverá y encontrarás tu vía. Una senda más bella y serena de lo que has soñado te llevará adonde quieras que te lleve, cumpliendo todo tus deseos.

No pierdas confianza en tus fuerzas y toma esa nueva vía. Verás que está llena de alegría, de aventuras y deleite como ni en tus sueños te imaginaste.

nbas

Familia pequeña, familia feliz

Sábado, noviembre 14th, 2009

Pandita Radimal, joven esposa india, tomó el sobre que le alargaban. Dio las gracias maquinalmente y salió a la sala de espera. Decenas de otras mujeres como ella estaban allí. Todas ellas tenían la misma expresión en el rostro que Pandita, una expresión de resignación, de pena, de tristeza, de conformidad a la fuerza contra un destino que ellas no deseaban. Pandita aceptaba, por un premio de rupias equivalentes a veintidós dólares, dejarse esterilizar para no tener más hijos.

Se trataba de una campaña nacional del gobierno de la India para detener el crecimiento de la población: veintidós dólares para las mujeres si se dejaban ligar los ovarios; quince dólares para los hombres si se dejaban hacer una vasectomía. Y un lema propagandístico que para muchos sonaba, y dolía, como una ofetada: «Familia pequeña, familia feliz».

¿Será cierto que para ser feliz una familia tiene que ser pequeña? Los economistas, los sociólogos y los hombres de gobierno (de algunos gobiernos) dicen que sí. Muchos líderes religiosos, que no desean problemas con el gobierno, también dicen que sí.

La familia pequeña, con pocos hijos, tiene pocos problemas económicos. Puede haber más comida en la mesa para repartirles a todos. Pueden haber más frazadas en el invierno para cubrir a todos. Puede haber más dinero para entretenimientos, para ropa, para los estudios. Los pocos cuartos de la casa alcanzarán para todos.

Sin embargo, ¿es realmente feliz una familia pequeña? ¿Es imprescindible, para la felicidad de la familia, que esté compuesta sólo de tres personas, o a lo sumo cuatro? No necesariamente. La felicidad de una familia no la hace el número de miembros que la componen.

Hay familias muy grandes, de diez, doce o catorce miembros, que viven perfectamente felices, aunque no son ricos. Y hay familias muy pequeñas que, aunque tienen mucho dinero, no han sabido hallar todavía la felicidad.

¿Qué es lo que hace feliz a una familia? Es la práctica de aquellas virtudes eternas enseñadas por Jesucristo y recomendadas por los apóstoles, virtudes que se insinúan en cuatro sentencias breves: «Esposos, amen a sus esposas… que la esposa respete a su esposo…. Hijos, obedezcan a sus padres en todo… Padres, no exasperen a sus hijos»

(Efesios 5:25,33; Colosenses 3:20,21).

¡Practicando estos cuatro mandamientos de Cristo, toda familia es feliz!

Hermano Pablo.
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