Madre…
Sábado, mayo 9th, 2009
Madre, tú que desciendes
de un universo de bondad,
eres la mano divina cuyo
ímpetu
protector nos sostiene a cada paso.
Eres la fuerza y el hálito
luminoso que disipa la noche
de nuestro trémulo caminar
por calles vagabundas.
Eres el faro bendito que
nos orienta
por los inciertos mares de
la vida, pues tu guía es un maravilloso
tesoro que lleva nuestros anhelos
coronados de arco iris
hacia puertos enjoyados de tu
sabiduría primordial.
Porque la nave de tu compasión
es inconmensurable,
a tus ojos todos los niños del
mundo, son tus hijos.
Y tus castigos son bendiciones
para nuestras almas,
pues nos modelan según
el ideal
que sólo resplandece en el
cielo de tu corazón.
Tú entregas al lento y difícil
trabajo del crecer,
una paciencia que con pujanza
humilde acorta nuestro
largo navegar.
Y por gracia del fuego de tu
aspiración a los logros más
nobles, a las cimas más altas,
podemos tus hijos ascender.
Madre, flor de Sol con aroma
de eternidad,
sólo tus caricias son capaces
de curar las mil y una heridas
que la vida nos prodiga.
Madre, llevas la esperanza del
hombre en tu desolado corazón,
llevas el futuro de tus hijos en
tus brazos generosos
para vencer o perecer,
siempre junto a ellos,
en el viaje peligroso, triste y
alegre del vivir.
Madre, tú que portas los rayos
del esplendor de Dios,
que has sufrido, esperado,
preparado y realizado todo por
nosotros, sobrellevando nuestro
peso obstinado y mortal,
recibe, hoy día, la rosa eterna
de nuestra infinita Gratitud.
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