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Archive for marzo 18th, 2009

Recordando

Miércoles, marzo 18th, 2009

Aunque han pasado muchos años, nunca he olvidado a aquellos encantadores hermanos gemelos, mis amigos gordos de la escuela que ya no sé de ellos.

Doménico, era juguetón, bromista, risueño, nuestro Gordo Alegre. En cambio, César, era callado, melancólico, solitario, nuestro Gordo Triste.

A donde iba el Gordo Alegre, atrás de él, siempre lo seguía el Gordo Triste.

Al Gordo Alegre le encantaba el fútbol. Todas las tardes, a la hora de salir de la escuela, corríamos con él hacia un parque inmenso para jugar emocionantes partidos hasta el anochecer. Y por supuesto, detrás de nosotros, corría pesadamente el Gordo Triste.

-¡Al arco los gordos!- gritábamos y el Gordo Alegre, que era un excelente arquero, hacía su arco con dos piedras grandes y prometía que nadie le haría un gol.

-¡Tapa en el otro arco!- siempre le decía al Gordo Triste. Pero él nunca tapaba. Prefería sentarse en una banquita y ver, en silencio, lo bien que tapaba su hermano.

¡Y cómo tapaba Doménico! . Con sus buenos reflejos, qué bien se las arreglaba para atajar tremendos cañonazos y cabezazos, tiros libres y penales. Apenas le hacían uno que otro gol cuando ya estaba demasiado cansado.

Pero un día, ya no quiso ser arquero. Soñaba con ser delantero y anotar muchos goles. Pero con los 100 kilos que pesaba, era muy difícil.
Entonces, decidió bajar de peso.

-No, Mami. Solo quiero dos panes. Desde ahora bajaré de peso- le dijo a su madre cuando ella le sirvió los 10 panes que todos los días se comía. Ella se asombró y lo felicitó por su decisión.

Dejó de comer hamburguesas, pizzas, mantequilla, tamales, dulces y otras cosas que hacían engordar. Y en su lugar, comía más verduras y frutas. Y mucha agua mineral en vez de gaseosas.

- Tú también has lo mismo, César- le decía la madre al Gordo Triste. Pero él, sin oir consejos, se iba silencioso y cabizbajo a su cuarto.

Al ver que Doménico bajaba de peso poco a poco, se preocupó de que pronto sería el único gordo del colegio y ya no sentiría la calurosa compañía de la gordura del Gordo Alegre.
A los pocos meses, Doménico ya no era nuestro Gordo Alegre. Lucía esbelto y podía correr más que antes. Entonces, empezó a jugar de delantero y anotaba muchos goles con gran destreza y agilidad. Con sus fenomenales goles, se volvió en la estrella y héroe de nuestro salón en los campeonatos del colegio.

-¡Tres hurras por Doménico, Jiji, rráaa, jiji, rráaa, jiji, rráaa!- coreábamos mientras lo cargábamos en hombros en las tardes victoriosas.

¿Y el Gordo Triste? ¡Oh, pobrecito nuestro Gordo Triste! César se tornó más triste que nunca. Cuando corríamos con Doménico hacia el parque, ya él no podía alcanzarnos. Se quedaba muy pero muy detrás de nosotros.

A las pocas semanas, cuando llegaron las vacaciones, César empezó a sentirse terriblemente sólo ya que Doménico paraba jugando por equipos de otros barrios.
El Gordo Triste ya no quería salir a ninguna parte. Se la pasaba armando rompecabezas en su cuarto y observando a las hormigas que trepaban las paredes.

Hasta el apetito perdió.
-¿Qué tienes, hijo, que no has probado ni un bocado?- le decía su preocupada madre, al ver que había dejado toda la sopa y el arroz con pato que tanto le gustaba. Pero el Gordo Triste, sin responder, como siempre, se refugiaba pensativo en su cuarto, extrañando al hermano ausente que casi no lo veía en casa.

Hasta que un día la madre le contó a Doménico lo que estaba pasando con César. Presuroso, Doménico fue a buscar al Gordo Triste a su cuarto pero no lo encontró. Fue al lavadero, al baño, a la cocina, al corredor, al jardín y nada. Entonces, lo encontró hablando de su mala suerte a los patos y gallinas en el corral que estaba detrás de la casa.

-Hermanito- le dijo Doménico y lo abrazó.
El Gordo Triste rompió a llorar largamente.

-¿Por qué me has dejado sólo?- balbuceaba, quejándose de sus penas, que ahora ya nadie lo defiende cuando lo molestan por las calles por ser el único gordo.

-Perdóname, hermanito. Pronto, nunca más estarás sólo- dijo Doménico, secándose las lágrimas que no pudo evitar y prometiéndole mil cosas y llevándolo a la mesa para almorzar juntos.

Desde entonces, Doménico decidió volverse gordo como antes. Comía muchos dulces, tamales, mantequilla, pizzas y hamburguesas. Y no uno sino diez panes. Y muchas gaseosas.
Y cuando volvimos a la escuela, Doménico ya era otra vez nuestro Gordo Alegre, para alegría del Gordo Triste.

A donde iba el Gordo Alegre, el Gordo Triste lo seguía más contento que nunca.
-¡Al Arco los gordos!- gritábamos como siempre al llegar al parque. El Gordo Triste, un poquito menos triste que antes, entonces nos prometía que pronto se prepararía para tapar.
De vuelta en el arco, el Gordo Alegre, como antes, atajaba sensacionalmente los tremendos cañonazos que le disparábamos. El Gordo Triste, como nunca, esbozaba una leve sonrisa y hasta aplaudía lo bien que tapaba su hermano.

Después de cada partido, con los uniformes embarrados y los zapatillas desbaratadas, todos volvíamos a nuestras casas con las piernas y las cinturas adoloridas. Los vencedores, orgullosos, con los pechos henchidos de la paliza que le dieron al equipo rival, y los perdedores, refunfuñando y jurando cobrarse la revancha para el día siguiente.

Y a mí, cómo me gustaba ver a los inolvidables Gordos alejándose con sus traviesas siluetas robustas por el puentecito que conducía a su hogar. Brincando abrazados y felices en su fraternal gordura, hasta desaparecer ambos por los horizontes rojizos de las tardes ancianas.

Me lo envio una amiga y se los comparto

Cómo actuar

Miércoles, marzo 18th, 2009

Siempre crecí escuchando decir:

“Quien es buen hijo, es buen esposo y buen padre”, en estos momentos me pregunto cuan cierta es esta frase, toda mi vida traté y trato de ser buena hija, traté de ser buena esposa y trato de ser buena madre, pero en estos momentos creo no soy ninguna de las 3 cosas, ni buena hija, no fui buena esposa ya que mi esposo se fue luego de 11 años de casados, me dedique todos estos años en dar todo mi amor, educar bien y completamente sola a mis hijas, viví para ellas a veces pienso lo logre, pero también dudo de haberlo hecho.
Dentro de mis escasas posibilidades trato de darle lo mejor y atender bien a mi madre, pero se que no lo logro, cada que digo algo no entienden lo que quiero decir, … podría aplicar el dicho: “No hay palabra mal dicha sino mal entendida”, pero creo no es así, se que muchas veces soy extremista, si el médico me da una indicación trato de cumplirla al pie de la letra, dar la medicina indicada a la hora indicada, la dieta que me dicen que de, para mi eso debe ser así, pero quizás este errada ya que solo veo mala cara y me dicen el médico esta mal, no es buen médico, tu crees es buen médico porque dice, receta o indica lo que tu quieres no lo yo quiero, a mi no me gusta ese médico, entonces cambio de médico y me vuelve a decir e indicar haga lo mismo que el anterior y nuevamente el mismo reclamo no me gusta ese médico el no sabe, digo yo estoy actuando mal? La verdad no se que hacer ni que actitud tomar, muchas veces digo calladita me veo mas bonita, mejor no hablo, no digo nada, pero no puedo no esta en mi naturaleza, con mis hijas muchas veces les digo esta bien no hablo, no digo nada y he permanecido callada por mas de 15 días sin decir ninguna palabra, pero con mi madre no puedo, tengo que decir algo sino ella se siente ofendida y me dice que no volverá a mi casa, eso me duele mucho, aunque también pienso, cuando me quede sola con mis hijas pequeñas, le pedí se viniera a vivir con nosotras y me dijo que no que ella tenía su casa y su vida en su ciudad con mis hermanos, pero cada que estaba delicada de salud, le pedía por favor venga para cuidarla ya que no podía ir por los estudios de mis hijas, ella venía, la cuidaba y cuando ya se encontraba bien regresaba a su casa al lado de mis hermanos, pero siempre fue así, se sentía mejor, recupera y se iba de nuestro lado, enfermaba, regresaba a que la cuide y la lleve al médico, en fin así es la vida.
Pienso que el deber de una hija es atender a sus padres no me quejo lo hago con el mayor gusto, pero a veces ya no puedo mas, me siento incomprendida, si necesita una operación trato de ir a todo lugar y conseguir la operen, si sale algo mal, la cuido día y noche, corro de un lugar a otro y estoy pendiente de todo, pero al final la culpable soy yo porque no elegí buen médico y la operación se complico, lo acepto callada no digo nada… Pero todo tiene un límite, mis fuerzas ya no dan para más, es que soy mala hija??
Muchas veces me encuentro entre la espada y la pared, por cuestiones religiosas a veces mi madre intercambia palabras con una de mis hijas, y me dice: ya no regreso mas a tu casa no sabes criar a tu hija, y mi hija me dice ella sabe mis ideas religiosas por qué me insiste en el tema si sabe me molesta? tu la defiendes mas a ella que ami, y la verdad yo no se que hacer, las quiero a las dos, y se que cada una tiene la razón de acuerdo a su modo de pensar, por qué me presionan???, OH Dios ilumíname no se que hacer, a veces la situación económica no es buena, soy madre y padre para mis hijas, tuve que dejar el trabajo fijo que tenía por atender a mi madre cuando salio mal de una operación y casi se me va, ahora trabajo independientemente en casa, ahorro para ir al médico porque se que tengo que hacerlo, el tiempo pasa y se me complica mas la enfermedad que padezco, pero cuando estoy pensando en sacar cita, ocurre que mamá se enferma y ese dinero es para llevarla al médico (que no le gusta y buscar otro que le guste, que este si que este no), la medicina, las terapias de rehabilitación en fin, solo me gustaría saber si es a la única persona a la que le ocurre esto, o es que otras personas también pasan por lo mismo que yo.
Nunca me queje con nadie, ni comente los problemas de mi hogar, cuando mi ex esposo se fué de casa pararon dias para animarme a comunicarle a mi familia, jamás digo si me duele algo, o tengo algún problema, siempre actuo sola, me juré a mi misma nunca decir lo que me ocurría, si tengo algún problema me lo guardo para mi, no se lo digo a nadie, siempre mostrar una sonrisa en la cara, siempre estoy sonriente y alegre, llevando palabras de alegría y consuelo a quien lo necesita, como quien dice la vida de un payaso, hacer sonreir a los demas mientras por dentro tu corazón llora, cuando mi hija mayor tuvo que viajar por estudios, me decían a ti no te importa tu hija eres una madre desnaturalizada porque no lloraba delante de nadie, el dolor y la pena la llevo siempre por dentro, pero no puedo mas, que puedo decir soy católica, creo en Dios y en la Virgencita, y se que es pecado pensar en la muerte, pero, muchas veces pienso es mejor no estar acá, creo que así todos serán felices y no los incomodaré con mis opiniones, solo espero que mi hija menor termine su carrera y desaparecer, ojala tenga las fuerzas necesarias para hacerlo, ya falta poco, y nunca nadie sabrá si algún día tuve un dolor o una pena, pero hoy me duele mucho mas que otros días el alma, el dolor físico no me importa, lo que si me importa es el inmenso dolor espiritual que siento, quisiera que mi madre no sufriera, ser yo la que tenga los dolores que ella tiene, se puede decir que ya agote hasta el último recurso para evitarle el dolor que tiene, pero la medicina no le hace nada, la rehabilitación tampoco, cuando esta en la clínica charlando con el médico o con la terapista esta muy bien, sonríe, no se queja, pero apenas llegamos a casa empieza el dolor y las quejas que es mal médico, como dije antes trabajo en casa, cuando ella esta en su ciudad con mis hermanos y mi hija en la universidad, paso mis días trabajando acá en casa, pero no hablo con nadie, perdón estoy mintiendo…, si hablo con mis plantitas, con el espejo, con el televisor en fin, disculpen por comentarles esto en mi primera presentación, pero es como un alivio el poder escribir todo esto, no se si tendré el valor de enviarlo, siempre fuí la muñequita de mi ex, la que con orgullo presentaba en sociedad, pero en casa todo era diferente, no me interesa mi apariencia física, quizás el no ser como soy me haría mas feliz bien dicen; “la suerte de la fea la bonita la desea”, bueno espero no haberlos aburrido con todo esto, pero quise escribir lo que sentía en estos momentos, se que no es un grupo de terapia, pero mi amiga Fiat me dio la confianza de abrirme un lugarcito para poder expresar mis sentimientos y quizás recibir algún consejo de alguien que haya tenido la paciencia de leerme, muchas gracias Fiat, siempre estas a mi lado cuando mas te necesito, espero no defraudar la confianza en darme un pequeño espacio en este tu pequeño sendero.

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