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Archive for febrero 26th, 2009

Convento de San Francisco

Jueves, febrero 26th, 2009

Un Castillo de Dios en la Ciudad de los Reyes

Junto con la Iglesia de la Merced, este inmenso edificio sagrado ofrece la fachada más espectacular y suntuosa de Lima. Las dos torres macizas de amarillo radiante que se elevan en la zona monumental de la capital del Perú evocan la idea de un baluarte de la fe y enmarcan un portal de retablo tallado de piedra oscura en cuyo centro se encuentra una bella escultura de la Inmaculada. Ese portal principal está coronado por un medallón filigrano que representa el signo de Cristo rodeado de un círculo de rayos.

Fascina la monumentalidad del Convento de San Francisco, uno de los tres más grandes de América, que ocupa todavía una cuadra entera del centro de Lima. En la época de su construcción – siglos XVI y XVII – el esplendor arquitectónico también sirvió para fines misionarios : debía impresionar a los indígenas, atrayéndolos mediante la belleza del arte barroco a la nueva fe cristiana.

Después de contemplar durante unos momentos la fachada, nos adentramos para ver qué misterios guardan estos muros macizos. Un paseo por el Convento de San Francisco significa también explorar siglos de historia limeña tan presentes aquí como en pocos lugares de la capital peruana. Para visitar este monumento solamente podemos hacerlo en grupo y obligatoriamente con un guía.  Aunque lo hemos visitado tantas veces que mis hijas y yo lo conocemos como la palma de nuestra mano y cada ves que vamos de visita encontramos cosas nuevas que nos maravillan.

La primera sorpresa nos espera ya inmediatamente detrás de la entrada, al subir la escalera: es una bellísima cúpula del más puro estilo Mudéjar sevillano tallado en madera de cedro a finales del Siglo XVI.

Luego subimos a la magnífica biblioteca del convento que en el tiempo de su construcción (Siglo XVII) fue una de las más modernas e importantes de América. En sus estantes de madera noble, los preciosos manuscritos, libros de oración y tratados teológicos están luchando contra el tiempo y la lenta descomposición.

La biblioteca también guarda libros en kechua. Lamentablemente, no se puede visitar sus salas, sino sólo contemplarla desde la entrada.

Luego entramos en la parte alta de la Iglesia principal del Convento. Desde allí hay una vista muy buena e insólita de la basílica cuyas naves laterales están formadas por las capillas.

Las columnas y bóvedas del templo y la cúpula central parecen aún más manieristas que barrocas y están adornadas de decoraciones geométricas de rojo y blanco. Comparada con las iglesias del pleno Barroco limeño (La Merced, San Pedro), esta Iglesia de San Francisco parece algo más sencilla, los retablos no son tan altos como en los templos del Barroco churrigueresco. No obstante, esta iglesia – y el inmenso conjunto del Convento de San Francisco guarda mucho más tesoros de arte que la Catedral de Lima.

Paseando por la sacristía y la sala capitular, podemos contemplar cuadros del gran pintor de la Escuela Sevillana, Francisco de Zurbarán (1598 – 1664), esculturas de Alonso Cano y otros maestros barrocos “importados”. Es casi un milagro que esas obras de arte llegaran aquí sin caer en manos de piratas ingleses o desaparecer en una tormenta en el mar en aquella época tan aventurera.

Entre las obras creadas en el Perú destaca una inmensa pintura de la Sagrada Cena de la Escuela Cuzqueña que muestra Jesús rodeado de sus apóstoles y bendiciendo y lo peculiar de esta pintura es que en lugar del cordero se puede apreciar un cuy (conejo de Indias).

Las salas del convento principal guardan una cantidad impresionante de obras de arte de primera categoría, pero para la mayoría de los visitantes, lo más sorprendente y espectacular es el mundo subterráneo de San Francisco. Seguimos a nuestra guía  quien encabeza  la bajada al “averno” donde nos adentramos en un laberinto tenebroso de túneles y catacumbas.

Después de que nuestros ojos se acostumbran a la oscuridad, descubrimos que debajo del angosto sendero por el que avanzamos muy lentamente, a la izquierda y derecha hay inmensas fosas llenas de – ¡blancas calaveras y huesos humanos que resplandecen en las tinieblas! Casi los tocamos con nuestros pies.

Las reacciones en el grupo son muy contrarias, hay de todo, gritos de susto, espontáneos y chillantes, risita semi-histérica – expresión de angustias reprimidas, y silbidos que se burlan de la Muerte y angustias, dependiendo del grupo que nos haya tocado.

Algunos de los espectadores que tienen que moverse agachados por este profundo “Túnel de los Muertos” enmudecen ante estas vistas terribles y por el choque de la confrontación con la transitoriedad y horrible fragilidad de la carne humana. Otros, los “agnósticos serenos”, se divierten con los momentos pintorescos de miedo en medio de esta Catedral subterránea de Huesos. Para aumentar los efectos de esa “película de miedo”, en algunas fosas han colocado las calaveras y huesos de manera que formen figuras geométricas, así que de repente aparecen círculos formados por calaveras que nos miran con las cuencas del ojo vacías.

Pero naturalmente, las catacumbas de San Francisco no fueron construídas como atracción turística, sino durante los dos primeros siglos de la historia de Lima (XVI y XVII) constituyeron el cementerio principal de la ciudad. Según calculaciones limeños, unos 70.000 habitantes de la capital encontraron aquí su última morada.

En la época actual, esa morada subterránea parece haber perdido su silencio y tranquilidad, porque Lima necesita el turismo y los turistas piden atracciones espectaculares y originales. De esta manera, las catacumbas del Convento de San Francisco se convierten involuntariamente por momentos en una especie de tren infernal y ante los ojos de los visitantes agradablemente asustados, muchas de las 70.000 calaveras están brillando, iluminadas por los flashes de las cámaras. Posiblemente, las almas de los muertos cuyos huesos descansan aquí ni siquiera se sentirán molestados por los invasores terrestres, sino miran a los criaturas mortales divirtiéndose divinamente y observando cómo intentamos disipar las sombras de las angustias al fotografiar la Muerte o burlándonos de ella.

Al final, todo el grupo – como niños después de subir a un tren infernal – siente cierto alivio cuando nuestra guía anuncia el regreso y la subida a la luz, dejando atrás las tinieblas podridas. Ahora, antes de despedirnos, nos presenta otra obra de arte muy original : el Claustro del Convento, cuya restauración está llegando al último toque, está adornado casi completamente por un zócalo de brillantes Azulejos.

Este hecho no sería tan extraordinario, si no se tratara de azulejos especiales, algunos muestran una fecha: 1620, La Cartuja. Casi todos los azulejos son originales de 1620, fabricados en su época en Sevilla, en la famosa fábrica de cerámica de La Cartuja y traídos por un largo camino aventurero por un océano lleno de peligros incalculables a Lima.

Y ahora, los restauradores están trabajando para conservarlos para la memoria de Lima. Paseamos por el claustro, contemplando las imágenes de los azulejos que a veces muestran figuras sorprendentemente profanas. Y nos despedimos de este inmenso complejo arquitectónico que es a la vez un libro abierto de la historia de la “Ciudad de los Reyes”.

Sentados en la plaza soleada delante de la Iglesia de San Francisco, observamos un par de momentos los niños que están jugando al sol, cazando palomas alrededor de la fuente. ¿Cuándo llegarán a saber que tan sólo un par de metros debajo de sus pies están colocadas las calaveras de sus antepasados?

Algunos partes fueron extraidas de la red.

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