Muchas veces me he preguntado si .. La vejez existe? Algunas de nosotras envejecemos, porque no maduramos. Envejecemos cuando nos cerramos a las nuevas ideas y nos volvemos radicales. Envejecemos cuando todo lo nuevo nos asusta.
Envejecemos también cuando pensamos demasiado en nosotras mismas y nos olvidamos de los demás.
Envejecemos si dejamos de luchar. Todas estamos matriculados en la escuela de la vida, donde el Maestro es el Tiempo.
La vida solo puede ser comprendida mirando hacia atrás. Pero solo puede ser vivida mirando hacia adelante.
En la juventud aprendemos; con la edad comprendemos…
Los seres humanos son como los vinos: la edad estropea los malos, pero mejora los buenos. Envejecer no es preocupante: ser visto como un viejo si que lo es.
Envejecer con sabiduría no es envejecer.
En los ojos del joven arde la llama, en los del viejo brilla la luz. Siendo así, no existe edad, somos nosotros que la creamos. Si no crees en la edad, no envejecerás hasta el día de tu muerte.
Personalmente, puedo decir que yo no tengo edad: tengo vida! … No dejes que la tristeza del pasado y el miedo del futuro te estropeen la alegría del presente. La vida no es corta; son las personas las que permanecen muertas demasiado tiempo.
Haz del pasaje del tiempo una conquista y no una pérdida… Vive!!
Todos los días suceden milagros, tener vida es uno de ellos.
Tres personas iban caminando por una vereda de un bosque; un Sabio con fama de hacer milagros, un poderoso terrateniente del lugar y, un poco atrás de ellos y escuchando la conversación, iba un joven estudiante alumno del Sabio.
Fue entonces cuando el poderoso dirigiéndose al Sabio dijo:
- Me han dicho en el pueblo que eres una persona muy poderosa y que inclusive puedes hacer milagros.
- Soy una persona vieja y cansada… ¿Cómo crees que yo podría hacer milagros? Respondió.
- Me han dicho que sanas a los enfermos, haces ver a los ciegos y vuelves cuerdos a los locos… esos milagros solo los puede hacer alguien muy poderoso.
- ¿Te referías a eso?… Tú lo has dicho, esos milagros solo los puede hacer alguien muy poderoso… no un viejo como yo. Esos milagros los hace Dios, yo solo pido se conceda un favor para el enfermo, o para el ciego, y todo el que tenga la fe suficiente en Dios puede hacer lo mismo.
- Yo quiero tener la misma fe para poder realizar los milagros que tu haces… muéstrame un milagro para poder creer en tu Dios.
Ante la insistencia de aquel hombre poderoso, el Sabio aceptó mostrarle tres milagros. Y así, con la mirada serena y sin hacer ningún movimiento le preguntó:
- ¿Esta mañana volvió a salir el sol?
- Sí, claro que sí.
- Pues ahí tienes un milagro… el milagro de la luz.
- No, yo quiero ver un verdadero milagro, oculta el sol, saca agua de una piedra… mira, hay un conejo herido junto a la vereda, tócalo y sana sus heridas.
- ¿Quieres un verdadero milagro?, ¿No es verdad que tu esposa acaba de dar a luz hace algunos días?
- ¡Si! Fue varón y es mi primogénito.
- Ahí tienes el segundo milagro… el milagro de la vida.
- Sabio, tu no me entiendes, quiero ver un verdadero milagro.
- ¿Acaso no estamos en época de cosecha?, no hay trigo y sorgo donde hace unos meses solo había tierra?
- Sí, igual que todos los años.
- Pues ahí tienes el tercer milagro.
- Creo que no me he explicado. Lo que yo quiero.
Sus palabras fueron cortadas por el Sabio, quien convencido de la obstinación de aquel hombre y seguro de no poder hacerle comprender la maravilla que existe en todo aquello que le había mostrado señaló:
- Te has explicado bien, yo ya hice todo lo que podía hacer por ti… Si lo que encontraste no es lo que buscabas, lamento desilusionarte, yo he hecho todo lo que podía hacer.
Dicho esto, el poderoso terrateniente se retiro muy desilusionado por no haber encontrado lo que buscaba. El Sabio y su alumno se quedaron parados en la vereda. Cuando el poderoso terrateniente iba muy lejos como para ver lo que hacían el Sabio y su alumno, el Sabio se dirigió a la orilla de la vereda, tomo al conejo, soplo sobre el y sus heridas quedaron curadas; el joven estaba algo desconcertado:
- Maestro te he visto hacer milagros como este casi todos los días, ¿Por que te negaste a mostrarle uno al caballero?, ¿Por que lo haces ahora que no puede verlo?
- Lo que él buscaba no era un milagro, sino un espectáculo. Le mostré tres milagros y no pudo verlos. Para ser rey primero hay que ser príncipe, para ser maestro primero hay que ser alumno… no puedes pedir grandes milagros si no has aprendido a valorar los pequeños milagros que se te muestran día a día.
El día que aprendas a reconocer a Dios en todas las pequeñas cosas que ocurren en tu vida, ese día comprenderás que no necesitas más milagros que los que Dios te da todos los días sin que tu se los hayas pedido. En lo ricos que podemos llegar a ser.
Junto con la Iglesia de la Merced, este inmenso edificio sagrado ofrece la fachada más espectacular y suntuosa de Lima. Las dos torres macizas de amarillo radiante que se elevan en la zona monumental de la capital del Perú evocan la idea de un baluarte de la fe y enmarcan un portal de retablo tallado de piedra oscura en cuyo centro se encuentra una bella escultura de la Inmaculada. Ese portal principal está coronado por un medallón filigrano que representa el signo de Cristo rodeado de un círculo de rayos.
Fascina la monumentalidad del Convento de San Francisco, uno de los tres más grandes de América, que ocupa todavía una cuadra entera del centro de Lima. En la época de su construcción – siglos XVI y XVII – el esplendor arquitectónico también sirvió para fines misionarios : debía impresionar a los indígenas, atrayéndolos mediante la belleza del arte barroco a la nueva fe cristiana.
Después de contemplar durante unos momentos la fachada, nos adentramos para ver qué misterios guardan estos muros macizos. Un paseo por el Convento de San Francisco significa también explorar siglos de historia limeña tan presentes aquí como en pocos lugares de la capital peruana. Para visitar este monumento solamente podemos hacerlo en grupo y obligatoriamente con un guía. Aunque lo hemos visitado tantas veces que mis hijas y yo lo conocemos como la palma de nuestra mano y cada ves que vamos de visita encontramos cosas nuevas que nos maravillan.
La primera sorpresa nos espera ya inmediatamente detrás de la entrada, al subir la escalera: es una bellísima cúpula del más puro estilo Mudéjar sevillano tallado en madera de cedro a finales del Siglo XVI.
Luego subimos a la magnífica biblioteca del convento que en el tiempo de su construcción (Siglo XVII) fue una de las más modernas e importantes de América. En sus estantes de madera noble, los preciosos manuscritos, libros de oración y tratados teológicos están luchando contra el tiempo y la lenta descomposición.
La biblioteca también guarda libros en kechua. Lamentablemente, no se puede visitar sus salas, sino sólo contemplarla desde la entrada.
Luego entramos en la parte alta de la Iglesia principal del Convento. Desde allí hay una vista muy buena e insólita de la basílica cuyas naves laterales están formadas por las capillas.
Las columnas y bóvedas del templo y la cúpula central parecen aún más manieristas que barrocas y están adornadas de decoraciones geométricas de rojo y blanco. Comparada con las iglesias del pleno Barroco limeño (La Merced, San Pedro), esta Iglesia de San Francisco parece algo más sencilla, los retablos no son tan altos como en los templos del Barroco churrigueresco. No obstante, esta iglesia – y el inmenso conjunto del Convento de San Francisco guarda mucho más tesoros de arte que la Catedral de Lima.
Paseando por la sacristía y la sala capitular, podemos contemplar cuadros del gran pintor de la Escuela Sevillana, Francisco de Zurbarán (1598 – 1664), esculturas de Alonso Cano y otros maestros barrocos “importados”. Es casi un milagro que esas obras de arte llegaran aquí sin caer en manos de piratas ingleses o desaparecer en una tormenta en el mar en aquella época tan aventurera.
Entre las obras creadas en el Perú destaca una inmensa pintura de la Sagrada Cena de la Escuela Cuzqueña que muestra Jesús rodeado de sus apóstoles y bendiciendo y lo peculiar de esta pintura es que en lugar del cordero se puede apreciar un cuy (conejo de Indias).
Las salas del convento principal guardan una cantidad impresionante de obras de arte de primera categoría, pero para la mayoría de los visitantes, lo más sorprendente y espectacular es el mundo subterráneo de San Francisco. Seguimos a nuestra guía quien encabeza la bajada al “averno” donde nos adentramos en un laberinto tenebroso de túneles y catacumbas.
Después de que nuestros ojos se acostumbran a la oscuridad, descubrimos que debajo del angosto sendero por el que avanzamos muy lentamente, a la izquierda y derecha hay inmensas fosas llenas de – ¡blancas calaveras y huesos humanos que resplandecen en las tinieblas! Casi los tocamos con nuestros pies.
Las reacciones en el grupo son muy contrarias, hay de todo, gritos de susto, espontáneos y chillantes, risita semi-histérica – expresión de angustias reprimidas, y silbidos que se burlan de la Muerte y angustias, dependiendo del grupo que nos haya tocado.
Algunos de los espectadores que tienen que moverse agachados por este profundo “Túnel de los Muertos” enmudecen ante estas vistas terribles y por el choque de la confrontación con la transitoriedad y horrible fragilidad de la carne humana. Otros, los “agnósticos serenos”, se divierten con los momentos pintorescos de miedo en medio de esta Catedral subterránea de Huesos. Para aumentar los efectos de esa “película de miedo”, en algunas fosas han colocado las calaveras y huesos de manera que formen figuras geométricas, así que de repente aparecen círculos formados por calaveras que nos miran con las cuencas del ojo vacías.
Pero naturalmente, las catacumbas de San Francisco no fueron construídas como atracción turística, sino durante los dos primeros siglos de la historia de Lima (XVI y XVII) constituyeron el cementerio principal de la ciudad. Según calculaciones limeños, unos 70.000 habitantes de la capital encontraron aquí su última morada.
En la época actual, esa morada subterránea parece haber perdido su silencio y tranquilidad, porque Lima necesita el turismo y los turistas piden atracciones espectaculares y originales. De esta manera, las catacumbas del Convento de San Francisco se convierten involuntariamente por momentos en una especie de tren infernal y ante los ojos de los visitantes agradablemente asustados, muchas de las 70.000 calaveras están brillando, iluminadas por los flashes de las cámaras. Posiblemente, las almas de los muertos cuyos huesos descansan aquí ni siquiera se sentirán molestados por los invasores terrestres, sino miran a los criaturas mortales divirtiéndose divinamente y observando cómo intentamos disipar las sombras de las angustias al fotografiar la Muerte o burlándonos de ella.
Al final, todo el grupo – como niños después de subir a un tren infernal – siente cierto alivio cuando nuestra guía anuncia el regreso y la subida a la luz, dejando atrás las tinieblas podridas. Ahora, antes de despedirnos, nos presenta otra obra de arte muy original : el Claustro del Convento, cuya restauración está llegando al último toque, está adornado casi completamente por un zócalo de brillantes Azulejos.
Este hecho no sería tan extraordinario, si no se tratara de azulejos especiales, algunos muestran una fecha: 1620, La Cartuja. Casi todos los azulejos son originales de 1620, fabricados en su época en Sevilla, en la famosa fábrica de cerámica de La Cartuja y traídos por un largo camino aventurero por un océano lleno de peligros incalculables a Lima.
Y ahora, los restauradores están trabajando para conservarlos para la memoria de Lima. Paseamos por el claustro, contemplando las imágenes de los azulejos que a veces muestran figuras sorprendentemente profanas. Y nos despedimos de este inmenso complejo arquitectónico que es a la vez un libro abierto de la historia de la “Ciudad de los Reyes”.
Sentados en la plaza soleada delante de la Iglesia de San Francisco, observamos un par de momentos los niños que están jugando al sol, cazando palomas alrededor de la fuente. ¿Cuándo llegarán a saber que tan sólo un par de metros debajo de sus pies están colocadas las calaveras de sus antepasados?
Dos hombres, ambos enfermos de gravedad, compartían el mismo cuarto semiprivado del hospital.
A uno de ellos se le permitía sentarse durante una hora en la tarde, para drenar el líquido de sus pulmones. Su cama estaba al lado de la única ventana de la habitación.
El otro tenia que permanecer acostado, de espaldas todo el tiempo. Conversaban incesantemente todo el día, y día tras día hablaban de sus esposas y familias, sus hogares, empleos, las experiencias vividas durante sus servicios militares y los sitios visitados durante sus vacaciones.
Todas las tardes, cuando el enfermo ubicado al lado de la ventana se sentaba, se pasaba el tiempo relatándole a su compañero de cuarto lo que veía por ella.
Con el tiempo, el enfermo acostado de espaldas, que no podía asomarse por la ventana, se desvivía por esos períodos de una hora, durante los cuales se deleitaba con los relatos de las actividades y colores del mundo exterior.
La ventana daba a un parque con un bello lago. Los patos y cisnes se deslizaban por el agua, mientras los niños jugaban con sus botecitos a la orilla del lago. Los enamorados se paseaban de la mano entre las flores multicolores; era un paisaje con árboles majestuosos y, en la distancia, se divisaba una bella vista de la ciudad.
A medida que el enfermo cerca de la ventana describía todo esto con detalles exquisitos, su compañero cerraba los ojos e imaginaba un cuadro pintoresco.
Una tarde le describió un desfile que pasaba por el hospital, y aunque no pudo escuchar la banda, lo pudo ver a través del ojo de la mente mientras su compañero se lo describía.
Pasaron los días y las semanas; y una mañana, al entrar la enfermera para el aseo matutino, se encontró con el cuerpo sin vida del señor que ocupaba la cama cerca de la ventana, quien había expirado tranquilamente, durante el sueño.
Con mucha tristeza, avisó para que trasladaran el cuerpo. Al día siguiente, el otro señor pidió que lo trasladaran cerca de la ventana. A la enfermera le agradó hacer el cambio, y luego de asegurarse de que estaba cómodo, lo dejó solo.
El señor, con mucho esfuerzo y dolor, se apoyó en un codo para poder mirar el mundo exterior por primera vez. ¡Finalmente tendría la alegría de verlo por si mismo! Se esforzó para asomarse por la ventana… y lo que vio fue la pared del edificio contiguo.
Confundido y entristecido, le preguntó a la enfermera qué sería lo que animó a su difunto compañero describir tantas cosas maravillosas fuera de la ventana…
La enfermera le respondió que el señor era ciego y no podía ni ver la pared de enfrente. Ella le dijo …”Quizás solamente deseaba animarlo a usted”…
——–
Epílogo…
Existe una inmensa alegría en poder alegrar a otros a pesar de nuestra propia situación. La aflicción compartida disminuye la tristeza, pero cuando la alegría es compartida, se duplica.
Si deseas sentirte próspero, basta con contar aquello que poseas y que no se puede comprar con el dinero.
Un día de octubre, una voz familiar en el teléfono me dice:
-Sal a la calle que hay un regalo para ti.
Entusiasmada, salgo a la vereda y me encuentro con el regalo. Es un precioso carruaje estacionado, justo, justo frente a la puerta de mi casa. Es de madera de nogal lustrada, tiene herrajes de bronce y lámparas de cerámica blanca, todo muy fino, muy elegante, muy “chic”.
Abro la portezuela de la cabina y subo. Un gran asiento semicircular forrado en pana y unos visillos de encaje blanco le dan un toque de realeza al cubículo. Me siento y me doy cuenta de que todo está diseñado exclusivamente para mí, está calculado el largo de las piernas, el ancyho del asiento, la altura del techo… todo es muy cómodo, y no hay lugar para nadie más. Entonces miro por la ventana y veo “el paisaje”: De un lado el frente de mi casa, del otro el frente de la casa de mi vecino… y digo:
-”¡Qué bárbaro este regalo! ¡Qué bien, qué lindo!…”
Y me quedo un rato disfrutando de esa sensación. Al rato empiezo a aburrirme, lo que se ve por la ventana es siempre lo mismo. Me pregunto:
-”¿Cuánto tiempo uno puede ver las mismas cosas?”
Y empiezo a convencerme de que el regalo que me hicieron no sirve para nada. De eso me ando quejando en voz alta cuando pasa mi vecino que me dice, como adivinándome:
-¿No te das cuenta que a este carruaje le falta algo?
Yo pongo cara de ¿qué-le-falta? mientras miro las alfrombras y los tapizados.
-Le faltan los caballos – me dice antes de que llegue a preguntarle. Por eso veo siempre lo mismo -pienso-, por eso me parece aburrido.
- Cierto – digo yo.
Entonces voy hasta el corralón de la estación y le ato dos caballos al carruaje. Me subo otra vez y desde adentro les grito:
-¡¡Eaaaaa!!
El paisaje se vuelve maravilloso, extraordinario, cambia permanentemente y eso me sorprende. Sin embargo, al poco tiempo empiezo a sentir cierta vibración en el carruaje y a ver el comienzo de una rajadura en uno de los laterales. Son los caballos que me conducen por caminos terribles; agarran todos los pozos, se suben a las veredas, me llevan por barrios peligrosos. Me doy cuenta que yo no tengo ningún control de nada; los caballos me arrastran a donde ellos quieren. Al principio, ese derrotero era muy lindo, pero al final siento que es muy peligroso. Comienzo a asustarme y a darme cuenta que esto tampoco sirve. En ese momento veo a mi vecino que pasa por ahí cerca, en su auto. Lo insulto:
Me grita:
-Te falta el cochero!
-¡Ah! – digo yo.
Con gran dificultad y con su ayuda, freno los caballos y decido contratar un cochero. A los pocos días asume funciones. Es un hombre formal y circunspecto con cara de poco humor y mucho conocimiento. Me parece que ahora sí estoy preparada para disfrutar verdaderamente del regalo que me hicieron. Me subo, me acomodo, asomo la cabeza y le indico al cochero a dónde ir. Él conduce, él controla la situación, él decide la velocidad adecuada y elige la mejor ruta. Yo… Yo disfruto el viaje.
*******
“Hemos nacido, salido de nuestra casa y nos hemos encontrado con un regalo: Nuestro Cuerpo”.
A poco de nacer nuestro cuerpo registró un deseo, una necesidad, un requerimiento instintivo, y se movió. Este carruaje no serviría para nada si no tuviera caballos, ellos son los deseos, las necesidades, las pulsiones y los afectos.
Todo va bien durante un tiempo, pero en algún momento empezamos a darnos cuenta que estos deseos nos llegaban por caminos un poco arriesgados y a veces peligrosos, y entonces tenemos necesidad de frenarlos. Aquí es donde aparece la figura del cochero: nuestra cabeza, nuestro intelecto, nuestra capacidad de pensar racionalmente.
El cochero sirve para evaluar el camino, la ruta. Pero quienes realmente tiran del carruaje son tus caballos.
No permitas que el cochero los descuide. Tienen que ser alimentados y protegidos, porque… ¿qué harías sin los caballos? ¿Qué sería de ti si fueras solamente cuerpo y cerebro? Si no tuvieras ningún deseo, ¿Cómo sería la vida?. Sería como la de esa gente que va por el mundo sin contacto con sus emociones, dejando que solamente su cerebro empuje el carruaje. Obviamente tampoco puedes descuidar el carruaje, porque tiene que durar todo el proyecto. Y esto implicará reparar, cuidar, afinar lo que sea necesario para su mantenimiento. Si nadie lo cuida, el carruaje se rompe, y si se rompe se acabó el viaje…”
La vida empieza a tener sentido cuando ayudas a otro a ponerse de pie y a andar. Cuando respiras hinchando tus pulmones de aire, y notas que no estás solo a pesar de estar en el desierto.
Cuando miras al cielo y ves las estrellas que dominan el firmamento comprendes que no estás solo, comprendes que la vida es mucho más que el simple palpitar de tu corazón. La vida tiene sentido cuando andas y no dejas tras de ti amargura. Cuando tras de ti has dejado amigos y hermanos, cuando has dejado un grato recuerdo en todo aquel que te ha conocido.
Si tras de ti has dejado odio, ésas serán las raíces que darán en el futuro frutos amargos; si la planta que crece tiene raíces de amor, los frutos serán dulces y serán tu alimento en el andar de cada día.
Apoya tu mano sobre el hombro de aquellos que andan contigo, porque si te sientes débil ellos te reconfortarán y si te sientes fuerte andarás más de prisa.
No te ates a las alabanzas. El que te quiere no te alaba, te apoya sin palabras.
Si hablas a los demás, que tu palabra sea limpia; pero no hables con orgullo, porque hacerlo es hablar con falsedad.
No culpes a los demás de tus propios errores. Sé tu propio juez; pero un juez justo.
Si andas por un bosque ten cuidado, porque habrá ramas bajas, te puedes golpear contra esas ramas. No es necesario que las cortes, simplemente agáchate un poco para volver a levantarte inmediatamente, la rama quedará frustrada en su intento de dañarte.
No pronuncies la palabra imposible!, porque todo es posible si vas dirigido positivamente; si vas dirigido negativamente, poco a poco te irás hundiendo; conseguirás tal vez logros parciales, inmediatos, pero te estarás hundiendo.
Si vas positivamente, quizás los logros sean más a largo plazo, pero te estarás elevando.
Si alimentas tu cuerpo para que te sirva, debes también alimentar tu espíritu, para que también te sirva.
Un espíritu poco alimentado es un espíritu débil, sin fuerza. Un espíritu bien alimentado es un espíritu que genera energía, que contagia, que anima.
Aunque el mundo a tu alrededor se presente difícil y complicado, debes entender que ser optimista no depende de circunstancias externas, sino de una actitud positiva frente a las dificultades.
Busca siempre el lado positivo y la enseñanza valiosa detrás de cada evento difícil. Superarás el pesimismo y sus terribles efectos. El positivismo y el optimismo deben venir desde dentro de ti, precisamente para poder superar los conflictos exteriores. Piénsalo, vale la pena.
Una joya en la ciudad. Simplemente hermoso, quizás esa sea la mejor manera de definir el Convento de San Francisco, ubicado a poco más de dos cuadras de la Catedral, en la intersección de los jirones Lampa y Ancash, en el centro histórico de Lima.
Hay quienes dicen que San Francisco es el conjunto arquitectónico más relevante de la ciudad, porque la Plazuela, el Convento y la Iglesia, forman una magnífica unidad de volumen y color.
Otros expertos, en cambio, van mucho más allá, afirmando que el exterior franciscano es uno de los ambientes monumentales más logrados de Hispanoamérica.
La construcción del Convento se inició en 1542, tras el asesinato de Pizarro. En 1656 el local franciscano colapsó, por lo que se emprendió la reedificación.
En una primera etapa, que duró de 1659 a 1662, las obras estuvieron a cargo del arquitecto portugués Constantino Vasconcelos, quien trabajó al lado del maestro limeño Manuel de Escobar.
Este último lo sucedió en la segunda etapa, que abarcó de 1669 a 1674. Escobar hizo sustanciales modificaciones al proyecto original por lo que puede ser considerado como el verdadero artífice del Convento.
Quien visita Lima y no recorre sus iglesias y conventos,no puede decir que realmente ha conocido la Ciudad de los Reyes, ya que sólo de ver sus imponente portadas o la solidez de sus claustros (que por siglos han sido y son la admiración de peruanos y extranjeros) puede entenderse la esencia y el espíritu que encierra la capital DEL PERU.
Porque desde que Lima fuera fundada un aire de religiosidad se respira en sus calles. Aire que ni el ineludible paso de los siglos ha podido borrar, porque templos y conventos de artísticas fachadas y altísimos campanarios, son la evidencia de una fe que se mantiene inquebrantable.
Lima, ciudad de iglesias y claustros, de torres coronadas por cruces que acarician las nubes, de feligreses que musitan sus plegarias mientras se golpean el pecho reconociendo sus pecados y en la que el repicar de las campanas parece ser el llamado del cielo.
Con 1.285.215 km2, el Perú es tercer país de mayor extensión en América del Sur, después de Brasil y Argentina, situándose así entre los 20 países más extensos del planeta. Además posee 200 millas marinas y derechos territoriales sobre una superficie de 60 millones de hectáreas en la Antártida. Actualmente tiene una población de 27.000.000 de habitantes.
El Perú es un país de todas las sangres. A través de su historia, ha sido el punto de encuentro de diferentes razas y culturas. A la población nativa se sumaron, hace cerca de 500 años, los españoles. Producto de ese encuentro enriquecido posteriormente con las migraciones de negros, asiáticos y europeos, emerge el hombre peruano, representante de una nación cuya riqueza étnica constituye una de sus más importantes características.
El Perú es un país mágico y milenario, posee una diversidad de riquezas poco comunes en el mundo, ofrece al visitante infinitas alternativas y la posibilidad de vivir una experiencia única: Historia, cultura, naturaleza, aventura y mucho más en un solo destino.
Vamos conociéndolo poco a poco se que te agradará su historia mas de 10 mil años de herencia arqueológica, su naturaleza, en el Perú viven cerca del 20% de las aves y el 10% de los mamíferos y reptiles del mundo. Sus fiestas y tradiciones, su incomparable gastronomía y muchas cosas mas.
Al despertar, bendice tu jornada, porque está ya desbordando una abundancia de bienes que tus bendiciones harán aparecer. Porque bendecir significa reconocer el bien infinito que forma parte integrante de la trama misma del universo. Ese bien lo único que espera es una seña tuya para poder manifestarse.
Al cruzarte con la gente por la calle, el auto, en tu lugar de trabajo, bendice a todos. La paz de tu bendición será la compañera de su camino, y el aura de su discreto perfume será una luz en su itinerario. Bendice a los que te encuentres, derrama tu bendición sobre su salud, su trabajo, su alegría, su relación con Dios, con ellos mismos y con los demás. Bendice a todos en todas las formas imaginables, porque esas bendiciones no sólo esparcen las semillas de la curación, sino que algún día brotarán como otras tantas flores de gozo en los espacios áridos de tu propia vida.
Bendice tu ciudad, tus gobernantes y a todos como los educadores, enfermeras, barrenderos, sacerdotes y prostitutas. Cuando alguien te muestre la menor agresividad, cólera o falta de bondad, responde con una bendición silenciosa. Bendice totalmente, sinceramente, gozosamente, porque esas bendiciones son un escudo que los protege de la ignorancia de sus maldades, y cambia de rumbo la flecha que te han disparado.
Bendecir significa desear y querer incondicionalmente, totalmente y sin reserva alguna el bien ilimitado para los demás y para los acontecimientos de la vida- haciéndolo aflorar de las fuentes mas profundas y más íntimas de tu ser. Esto significa venerar y considerar con total admiración lo que es siempre un don del Creador, sean cuales fueren las apariencias.
Quien sea afectado por tu bendición es un ser privilegiado, consagrado, entero. Bendecir, significa invocar la protección divina sobre alguien o sobre algo, pensar en él con profundo reconocimiento. Significa también llamar a la felicidad para que venga a él.
Bendecir significa reconocer una belleza omnipresente, oculta a los ojos materiales. Es activar la ley universal de la atracción que, desde el fondo del universo, traerá a vuestra vida exactamente lo que necesitas en el momento presente para crecer, avanzar y llenar tu vida de gozo.
Es imposible bendecir y juzgar al mismo tiempo. Mantén en ti ese deseo de bendecir como una incesante resonancia interior y como una perpetua plegaria silenciosa, porque de este modo serás de esas personas que son artesanos de la paz , y un día descubrirás por todas partes el rostro mismo de Dios.
Y por encima de todo, no te olvides de bendecir a esa persona maravillosa, absolutamente bella en su verdadera naturaleza y tan digna de amor, que eres tú mismo.